sábado, 18 de enero de 2014

¿Qué he hecho? - Jeremías 8:4-6

¿Qué he hecho? 
  
Base Bíblica: Jeremías 8:4-6
“Les dirás asimismo: Así ha dicho Jehová: El que cae, ¿no se levanta? El que se desvía, ¿no vuelve al camino? ¿Por qué es este pueblo de Jerusalén rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, y no han querido volverse. Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su propia carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla.”

Estos versos son parte del mensaje que Dios le dio al profeta Jeremías con relación a su pueblo, a causa del juicio que Dios enviaría por causa de la maldad. El mensaje no parece uno alentador, como el de muchos famosos predicadores en la actualidad, sino que era uno que instaba a la reflexión profunda y a la introspección de la vida que vivimos.

En todas las áreas de la vida, lo que hacemos no sólo es importante, sino determinante en términos del resultado que obtendremos. No podemos esperar modificar nuestro cuerpo y mejorarlo, si uno no se dispone a hacer ejercicios. Usted no puede esperar mejores oportunidades de empleo, si no estudia primero. No se puede sostener una relación, en donde dos personas no comparten. De manera que, cómo podemos esperar lo mejor de Dios, si nosotros no le damos tan siquiera lo peor, sino que lo abandonamos, lo echamos al olvido y únicamente cuando estamos caídos, pretendemos que él nos vea y nos levante.

I. El que se cae debe levantarse.

La Biblia dice; “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; Mas los impíos caerán en el mal.” (Proverbios 24:16) Mi suegro tiene un lema de vida que suele repetir cada vez que tiene la oportunidad: “esto no es cuestión de velocidad, sino de resistencia”. Los que desean vivir rectamente tropiezan y caen, pero vuelven a levantarse por la gracia de Dios. Pues convencidos por la obra del Espíritu Santo reconocen, que sólo en Dios está su esperanza.

II. El que se desvía debe volverse al camino.

Hay momentos en la vida en los que nos desenfocamos y aún nos desviamos. Las razones pueden ser diversas, pero la obra que Dios comenzó en sus hijos y la residencia del Espíritu de Dios en ellos, les contrita de pecado. Cuando se sabe hacia donde uno debe ir, no es tan difícil darse cuenta que uno está perdido. El problema con muchos en nuestros días, es que no saben hacia dónde se dirigen. Por ende, no tienen un punto o marco de referencia para ubicarse. Así, tristemente es la condición del hombre que se aparta de Dios.

III. ¿Qué se puede hacer sobre aquel que no quiere arrepentirse?

Donde existe arrepentimiento, hay esperanza de restauración y nueva vida, pero donde no lo hay, sólo existe el dolor y la muerte. El apóstol Pablo había tenido que confrontar fuertemente a los hermanos de Corinto, sin embargo, en su segunda carta les dice:

“Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.” (2Corintios 7:9-10)

Según el apóstol, existen dos tipos de arrepentimiento, uno que no pasa de ser un mero sentido de culpa y el arrepentimiento que proviene de Dios, el cual produce cambio. Dios le dijo al profeta Jeremías:

“Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho?” No busque el origen del mal en su vida en circunstancias y personas, su problema radica en haberle dado la espalda a Dios. No siga corriendo como caballo al precipicio, vuélvase a Dios.

Conclusión

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (Salmo 51:17) “Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. 40Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. 41Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma.” (Jeremías 32:39-41)

Por: Gilberto Miguel Rufat

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