jueves, 23 de enero de 2014

Dolor en mi corazón - Romanos 9:1-5

Dolor en mi corazón
Rev. Gilberto M. Rufat


Base Bíblica: Romanos 9:1-5
“Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.”


Introducción
 Pablo finalizó el capítulo ocho estableciendo la seguridad de salvación que posee el creyente en virtud de Cristo. El apóstol expresó dicha seguridad en su afirmación de que nada nos separará del amor de Cristo. Seguridad que no descansa en la espiritualidad alcanzada por el creyente, sino en la predestinación de Dios padre. Además, en el propósito que según el apóstol Pablo, iría más allá de perdonar nuestros pecados, sino también en hacer de los elegidos sus hijos, conforme a la imagen Jesús.

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29)

Ahora bien, si todos los elegidos por Dios padre han de responder a su llamado, ¿qué pasó con Israel como nación? ¿No era Israel el pueblo escogido por Dios? Con estas preguntas en mente, comienza el capítulo nueve de la carta a los Romanos, en la cual Pablo responderá al por qué Israel en términos generales rechazó el evangelio.

I. Carga por los Perdidos

El apóstol inicia el capítulo con una profunda carga y dolor en el corazón por sus hermanos, los que son sus parientes según la carne, los israelitas. Como hecho, su ministerio y su constancia en el mismo, a pesar de las pruebas y de los rechazos de su pueblo eran su mejor evidencia.

“Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna.” (Tito 2:10)

No obstante, Pablo estaba consciente que la salvación descansa en Dios. Él no trataba de entenderlo todo, pero si luchaba y se entregaba como aquel que quisiera ganarlos a todos.

“Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne” (Romanos 9:1-3)

Su amor era de tal magnitud, que hubiese deseado ser él mismo anatema, separado de Cristo, por amor de sus hermanos. Presumo que en términos generales e independientemente del punto de vista doctrinal que asumamos respecto a la salvación, que todo cristiano puede sentir empatía con el dolor de Pablo y hacerse eco de sus palabras, por amor también de los suyos. Pero la realidad es que no está en nuestras manos el salvar, sino en Dios y la verdad es que no merecemos la salvación. La razón de cómo obra la soberana gracia de Dios en la elección nunca nos es revelada. Sólo sabemos que Dios en su libre voluntad decidió quiénes se salvarían.

“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.” (Efesios 1:11)

II. Los Elegidos de Dios

En 1Pedro 1:2, Pedro escribió a los creyentes independientemente de dónde se encontrasen, que debían recordar que habían sido “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo…”

El significado de elegidos del griego “eklektós” es selecto; por implicación favorito: elegir, elegido, escoger, escogido. Observe que dice “elegidos según su presciencia”. La palabra presciencia del griego “prógnosis” significa pensamientos por adelantado, conocimiento anticipado. De manera que los creyentes a los que Pedro les escribe podían considerarse privilegiados, aunque al momento estuviesen siendo perseguidos.

Lo interesante no es que Dios los conoció de antemano y los eligió para salvación. Todo lo contrario, es que por haber sido elegidos de antemano, Dios podía verlos con seguridad en el futuro. Ésta es la misma razón por la cual Pablo podía hablar en la carta a los Efesios y vernos ya en los lugares celestiales.

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Efesios 2:4-7)

El punto es, que Dios no escoge a los que se salvan según la presciencia, como si él necesitara saber o ver qué habríamos de decidir con el fin o propósito de tomar una decisión, sino que Dios elige según su soberana voluntad.

Pablo presenta varios ejemplos de la elección divina en el capítulo nueve de la carta a los Romanos. El primero de ellos es la elección de Abraham (Gn.12:1-2). Luego, la elección de Isaac y no de Ismael (Ro.9:7), para posteriormente presentar que lo mismo sucedió en el caso de los gemelos en Rebeca, sobre los cuales Dios se pronunció en favor de que el mayor, serviría al menor (Ro.9:10-13). De manera que Dios escogió o amó a Jacob mientras rechazó a Esaú.

III. ¿Es Injusta la Elección?

Es importante que los que se oponen a la doctrina de la elección, únicamente por parecerle injusta o ilógica, deberían meditar en las palabras de Job en el capítulo 23:13-15 cuando se expresa de la siguiente manera:

“Pero si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo. El, pues, acabará lo que ha determinado de mí; Y muchas cosas como estas hay en él. Por lo cual yo me espanto en su presencia; Cuando lo considero, tiemblo a causa de él.”

El apóstol Pablo contesta o responde ante la aparente injusticia de Dios de la siguiente forma:

“¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” (Romanos 9:14-21)
 
Conclusión
Aunque Pablo expresa con toda confianza y sinceridad su deseo de salvación sobre sus hermanos, no obstante, acepta y reconoce varias cosas importantes:

1- Dios no le falló a Israel como nación.

Dios no le falló a Israel como nación, pues solamente los llamados responderían en fe y estos serían los que pasarían a ser contados como hijos.

“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia.”(Ro.9:6-7)

2- Dios tiene el derecho a elegir.

“Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Romanos 9:13)

“Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, y a Esaú aborrecí…” (Miqueas 1:2-3)

“¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” (Romanos 9:21)

3- Dios no tenía por qué ser misericordioso con nadie.

Escuché una vez una ilustración del teólogo R.C. Sproul en la cual contaba cómo en una de sus clases, mientras pasaba lista para recoger una asignación para nota, algunos de los alumnos comenzaron a excusarse. En aquella ocasión, les dio una nueva fecha de entrega, aunque recibirían menos puntos. Pero, en la siguiente entrega de trabajos para nota, comenzaron nuevamente a excusarse pensando que el profesor volvería a extender un plazo de tiempo extra o adicional (tendría nuevamente misericordia) a lo que el profesor se negó y comenzó a poner ceros. Inmediatamente, algunos alumnos comenzaron a decir que el profesor era injusto. Si algo debemos saber y entender los creyentes es que la misericordia no era lo que merecíamos, sino el juicio por causa de nuestro pecado. Sin embargo, Pablo les dice:

“¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, 23y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria.” (Romanos 9:22)

Pablo no pretendió entenderlo todo, como yo tampoco, por tal razón, exclamó:

“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11:33-36)

Bendiciones…

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