domingo, 19 de enero de 2014

Escogido desde el principio para salvación



escogido desde el principio para salvación
Rev. Gilberto M. Rufat

Base Bíblica: 2Ts.2:13-15
“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.”

Introducción
Para entender la gratitud del apóstol Pablo por los hermanos tesalonicenses, es necesario conocer algo de la historia de cómo comenzó esta iglesia. Tesalónica se erguía en la importante Vía Ignacia, la más importante carretera romana.[i] El registro de los inicios se halla en Hechos 17.1–15. Pablo, Silas y Timoteo salieron de Filipos y viajaron cincuenta kilómetros hacia Anfípolis, luego cuarenta kilómetros más hasta Apolonia. Es interesante notar que no se realizó ningún ministerio en ninguna de esas ciudades. Su siguiente etapa les llevó alrededor de sesenta y cinco kilómetros más allá, hasta Tesalónica, donde Pablo ministró en la sinagoga alrededor de tres semanas y vio muchas personas convertidas. En la ciudad había un grupo grande de prosélitos gentiles (griegos piadosos, Hch 17.4) en la sinagoga y respondieron entusiastamente junto con algunos de los judíos. Esta clase de éxito enardeció a los judíos ortodoxos y fraguaron un motín para avergonzar a los cristianos y obstaculizar el ministerio de Pablo. Los creyentes estimaron que era mejor que Pablo y su grupo se fueran, lo cual hicieron, yendo primero a Berea.[ii] El apóstol estaba sumamente agradecido a Dios, por la cosecha que le había permitido recoger en Tesalónica. Para Pablo, la salvación no es la manifestación de la aceptación humana sobre la gracia divina, sino que es la gracia divina quien nos mueve a la aceptación de la salvación. En otras palabras, para el apóstol, la salvación era la manifestación de la soberanía gracia de Dios actuando sobre los elegidos. De forma tal que los llamados de entre los tesalonicenses fuesen privilegiados.

I. Escogidos desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu.

La mayoría de los creyentes presume que la salvación es algo que aceptaron. Estos consideran la salvación como un regalo de Dios, pero ¿es sólo eso, un regalo colocado en las manos de alguien, donde lo único que tiene que hacer es tomarlo? Por otro lado, ¿podría ser la salvación más parecida al cuadro de un hombre en un naufragio? ¿Uno en donde más que lanzarle una cuerda a alguien que se está ahogando y no puede ni sabe nadar, otro tiene que descender y rescatarlo?

Estoy convencido que el cuadro de la salvación que la Biblia presenta no es el de un hombre que puede ir y tomar el regalo de Dios por sí mismo. Por consiguiente, el hombre en su estado caído sólo puede andar pecando, de manera que, necesita la ayuda directa de Dios.

Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.” (Jn6:37)

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Jn.6:44)

“Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.” (Jn.6:64-65)


Además, es claro el hecho de que aquí en 2Tesalonicenses 2:13-14, Pablo no está presentando la salvación como algo que Dios escogió desde el principio, pues de cierto tenía un plan, sino de cómo fueron escogidos desde el principio los que responderían al evangelio. La base bíblica de esta doctrina no es vaga, sino abundante y además clara.

“¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?” (Ro.9:22-24)


"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Ef.2:10)

quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2Tm.1:9)

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Ef.1:3-6)

Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.” (Hch.13:48)

 “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.” (1P.1:2)

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Ro.8:29)

II. Escogidos desde el principio para salvación, mediante la fe en la verdad.

Los creyentes que entienden que la salvación es un acto de la fe, mediante la voluntad humana, deberían reevaluar su posición, pues la Biblia presenta la fe como un don divino. En la propia carta de 2Tesalonicenses, Pablo deja claro que la fe no es de todos, sino de aquellos que Dios llama a salvación. Ya que, el hombre en su estado caído no puede abrazar aquello que su corazón rechaza.

“Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe.” (2Ts.3:1-2)

El cuadro del hombre en su pecado, mostrado en la carta a los Efesios es de uno muerto espiritualmente. De manera que, ¿cómo puede abrazar la fe estando muerto?

Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef.2:1)

            Aún más, ¿Cómo puede el hombre natural entender las cosas del Espíritu, si primero no le son reveladas?

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1Co.2:14)

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe." (Ef.2:8-9)


Este verso es muy conocido, pero poco entendido. Lo único que podría parecer ser de nosotros es la fe. La gracia es divina, por lo que nunca ha sido, ni será humana. Por consiguiente, lo que no es de vosotros, pero que se nos ha concedido como un don es la fe. En la carta a los Filipenses, el apóstol lo esboza de la siguiente manera:

“Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Fil.1:29)

En Filipenses 1:29, Pablo le dice a los filipenses, que a los creyentes se les ha concedido a causa de Cristo; el creer (la fe) y el padecer por él. Nuevamente, podemos ver que la fe es un don concedido a los creyentes y no una disposición de la voluntad humana hacia el mensaje del evangelio. Agustín, uno de los teólogos más importantes del cuarto y quinto siglo de la era cristiana comenta sobre este verso de la siguiente manera:

Porque no dice el Apóstol «a fin de que creáis en él más plena y perfectamente», sino para que creáis en él. Ni dice de sí mismo que alcanzó la misericordia para ser más creyente, sino para ser creyente; porque sabía que él no había dado a Dios primero el principio de su fe y después le había retribuido Dios con el aumento de ella, sino que el mismo Dios que le hizo apóstol le había hecho antes creyente.”[iii] 

III. Escogidos desde el principio para salvación, pero llamados por medio del evangelio.

La Biblia enseña que la predicación del evangelio es el medio de la proclamación del mensaje de Dios, mediante el cual él convoca o llama a los que desde antes eligió.

“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.” (2Ts.2:13-14)


Permítame leer estos versos de atrás hacia adelante. Veamos:

“Para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo, Dios nos llamó mediante el evangelio y la fe en la verdad, mediada, por la santificación del Espíritu, para alcanzar la salvación que Dios escogió desde el principio...”

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” (Ro.8:29-30)


Pablo manifiesta que Dios los conoció de antemano, ¿cuándo?, en la eternidad. Dios no espera, como algunos alegan, que todos respondan, pues desde la eternidad no solo sabía que no todos responderían, sino que les sería imposible responder por causa del pecado. Dios solamente aguarda por aquellos que predestinó, para que en todo, sea Dios glorificado. La Escritura dice con toda claridad en Romanos 8, que Dios a los que escogió, llamó, a los que llamó, justificó (perdonó) y a los que justificó, glorificó.

Conclusión
La salvación es el mayor regalo de Dios a los elegidos. Ya que como los demás, merecíamos juicio, pues nosotros también fuimos hallados pecadores. No obstante, la misericordia de Dios nos alcanzó para salvación, de lo cual debemos estar profundamente agradecidos.

“Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.” (Ro.4:6-8)



[i] Wiersbe, Warren W., Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT, (Nashville, TN: Editorial Caribe Inc.) 2000, c1995.
[ii] Ibid.
[iii] San Agustín. De la Predestinación de los Santos. Cap.2

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