martes, 19 de agosto de 2014

Efesios 2:8-10



 
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” 
(Efesios 2:8-10)

 Algunos enseñan la fe como el resultado de la libre expresión del alma en su ejercicio del libre albedrío, para abrazar o rechazar el mensaje del evangelio, pero ¿es esto correcto? NO. Pablo inicia el capítulo dos diciendo que el inconverso o no creyente está muerto para Dios, por ende, ¿cómo puede decidir? Los muertos no pueden decidir, pues están muertos. Por consiguiente, Pablo presenta de manera lógica y no forzada, que la fe tiene que provenir de Dios. Ya que, el hombre en su estado natural, muerto en su pecado, no entiende las cosas del Espíritu (1Corintios 2:14).

De ahí que Pablo presenta que la única manera en que podamos ser salvos es que Dios intervenga en nuestra vida y nos capacite para recibir el mensaje del evangelio, el cual en nuestro estado natural, rechazaríamos. Por eso dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” Ahora ¿qué es lo único que no podría ser de nosotros? La gracia, pues es de Dios, por ende, es la fe la que recibimos como el don para salvación. De manera que Pablo presenta la fe como un don de Dios sobre aquellos que en su gracia heredarían la salvación. Nadie se salvará por buenas obras, ni aun de haber tomado la decisión de creer y como si fuera poco, a esto añade que es así para que nadie se pueda gloriar frente a Dios.

El apóstol en su mensaje sobre el don de la fe, nos dice que también ello fue preparado de antemano, que es lo mismo que decir que fue predestinado por Dios. Usted no está siguiendo a Jesús por ser más inteligente o especial, lo que vivimos hoy con relación a la salvación fue algo como expone Pablo, que Dios preparó de antemano para que anduviéramos por ella y concluye diciendo que somos hechura de Dios, en otras palabras, que somos el resultado de lo que Dios de antemano decidió sobre nosotros. ¡Aleluya!

Pastor Gilberto Rufat

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