viernes, 31 de julio de 2015

DIOS NO ES DIGNO DE ADORACIÓN SI MATA NIÑOS INOCENTES




DIOS NO ES DIGNO DE ADORACIÓN SI MATA NIÑOS INOCENTES

“El Dios del Antiguo Testamento es muy diferente al Dios en que creían la mayoría de los que practicaban el cristianismo”, dijo: “Su justicia es, por normas modernas, indignante…es parcial, quejumbroso, vengativo y celoso de sus prerrogativas”. Charles Templeton

Esta objeción al cristianismo le fue presentada al Dr. Norman Geisler de la siguiente manera por Strobel, en 1794, Thomas Paine escribió lo siguiente en La Edad de la Razón:

“Cuando leemos las historias obscenas, el libertinaje voluptuoso, las crueles y torturadoras ejecuciones, la implacable venganza con lo que más de la mitad de la Biblia está llena, sería más lógico que lo llamáramos el trabajo del demonio, que la Palabra de Dios.”

Lee le preguntó al Dr. Norman Geisler, ¿cómo le respondería a Paine? A lo cual Geisler contestó: “es digno de lástima por no tener una Biblia. Cuando escribió la primera parte de “La Edad de la Razón”, no tenía una. Aunque, aparte de eso, creo que confunde dos cosas: lo que la Biblia registró y lo que la Biblia aprueba”. Sin duda, ésta es una de las objeciones más difíciles, ya que, los apologistas tienden a dar todo tipo de interpretaciones racionales, escapatorias y lo que llamaría, interpretaciones sociales, aquellas en las cuales, se busca presentar una explicación no ofensiva. En resumen, Geisler argumenta que todo lo que Dios creó fue bueno.

Arguye, que lo que cambió las cosas fue la caída del hombre. Presenta su argumento sobre la base de Romanos capítulo 8, con el cual hace un intento de evidenciar el hecho de que la caída afectó a toda la creación; la vida de las plantas, los seres humanos, los animales, en fin todo. Además, señala que hubo cambios genéticos fundamentales, mostrando por ejemplo, cómo el tiempo de vida disminuyó con rapidez después de la caída. Geisler sostiene que el plan de Dios no se creó para que fuera de este modo y que esto únicamente se debió al pecado, pero que al final, Dios lo remediará.

Considero que los argumentos presentados por Geisler no son convincentes y no sé hasta qué punto son aceptables. Un Dios santo, justo y soberano, que demande la muerte de un pecador es algo racionalmente considerable, a pesar de que no lo entendamos o no nos guste la idea. Un Dios soberano que elige a unos sobre otros, no es insostenible, sino altamente racional. La realidad es que todo pecado es de muerte y el hecho de que Dios decida posponer su juicio o dar paso al arrepentimiento, no cambia en nada lo que merecemos.

El problema del pecado no es discutido en detalle por Geisler, desde el aspecto antropológico y sobre todo de la caída y de los efectos en el ser humano, a fin de presentar una mejor explicación sobre las acciones de Dios; aunque la verdad es que Dios no necesita ser defendido. Por ejemplo, veamos cómo es presentado el problema del pecado en la Confesión Bautista de Fe de 1689, bajo el tema, “De la caída del hombre, del pecado y su castigo”.

1. A pesar de que Dios creó al hombre recto y perfecto, y le dio una ley justa, que hubiera sido para vida si la hubiera guardado, y amenazó con la muerte su transgresión, el hombre no la honró por mucho tiempo, (1)  usando Satanás la sutileza de la serpiente para subyugar a Eva y luego a través de ella seduciendo a Adán, quien sin ninguna coacción, deliberadamente transgredió la ley bajo la cual habían sido creados y también el mandato que les había sido dado, al comer del fruto prohibido, (2)  lo cual agradó a Dios permitir, conforme a su sabio y santo consejo, habiéndolo ordenado con el propósito de que fuera para su propia gloria. (3)
1.  Ec. 7:29; Ro. 5:12a, 14,15; Gn. 2:17; 4:25-5:3.
2.  Gn. 3:1-7; 2 Co. 11:3; 1 Ti. 2:14.
3.  Ro. 11:32-34; 2 S. 24:1; 1 Cr. 21:1; 1 R. 22:22,23; 2 S. 16:10; Hch. 2:23; 4:27,28.

2. Por este pecado, nuestros primeros padres cayeron de su justicia y rectitud original y de su comunión con Dios, y nosotros en ellos, por lo que la muerte sobrevino a todos; (1) viniendo a estar todos los hombres muertos en pecado, y totalmente corrompidos en todas las facultades y partes del alma y del cuerpo. (2)
1.  Gn. 3:22-24; Ro. 5:12ss.; 1Co. 15:20-22; Sal. 51:4,5; 58:3; Ef. 2:1-3; Gn. 8:21; Pr. 22:15.
2.  Gn. 2:17; Ef. 2:1; Tit. 1:15; Gn. 6:5; Jer. 17:9; Ro. 3:10-18; 1:21; Ef. 4:17-19; Jn. 5:40; Ro. 8:7.

3. Siendo ellos la raíz de la raza humana, y estando por designio de Dios en lugar de toda la humanidad, la culpa del pecado fue imputada y la naturaleza corrompida transmitida a toda la posteridad que descendió de ellos mediante generación ordinaria, siendo ahora concebidos en pecado, y por naturaleza hijos de ira, siervos del pecado, sujetos a la muerte y a todas las demás desgracias espirituales, temporales y eternas, a no ser que el Señor Jesús los libere. (1)
1. Ro. 5:12ss.; 1 Co. 15:20-22; Sal. 51:4,5; 58:3; Ef. 2:1-3; Gn. 8:21; Pr. 22:15; Job 14:4; 15:14.

4. De esta corrupción original, por la cual estamos completamente indispuestos, incapacitados y opuestos a todo bien y enteramente inclinados a todo mal, (1) proceden en sí todas las transgresiones. (2)
1.  Mt. 7:17,18; 12:33-35; Lc. 6:43-45; Jn. 3:3,5; 6:37,39,40,44,45,65; Ro. 3:10-12; 5:6; 7:18; 8:7,8; 1 Co. 2:14.
2.  Mt. 7:17-20; 12:33-35; 15:18-20.

5. La corrupción de la naturaleza permanece durante esta vida en los que son regenerados; (1) y, aunque aquella sea perdonada y mortificada por medio de Cristo, ella misma y sus primeros impulsos son verdadera y propiamente pecado. (2)
1.  1 Jn. 1:8-10; 1 R. 8:46; Sal. 130:3; 143:2; Pr. 20:9; Ec. 7:20; Ro. 7:14-25; Stg. 3:2.
2.  Sal. 51:4,5; Pr. 22:15; Ef. 2:3; Ro. 7:5,7,8,17,18,25; 8:3-13; Gá. 5:17-24; Pr. 15:26; 21:4; Gn. 8:21; Mt. 5:27,28.

Estoy convencido de que parte del problema consiste en que hoy predicamos y enseñamos una imagen de un dios amansado y falto de soberanía, pero esa es la imagen que hemos querido construir o la que estamos dispuestos a aceptar de él. El hecho de que un Dios santo y justo castigue el pecado es totalmente lógico y razonable aunque no nos guste, como mencionara previamente. Lo que es sorprendente es que pudiendo juzgar a todos los hombres, haya decidido perdonar a todos los que por medio de su gracia se acercarían en arrepentimiento y fe para ser salvos por medio de Jesucristo. La Biblia no enseña que existan personas inocentes (Ro. 1:18-20), sino que todos pecamos y que por esa razón estamos destituidos de la gloria de Dios (Ro. 3:23). Por cuanto el problema del hombre está en su naturaleza, el acto de pecar es únicamente su respuesta. De ahí, que ningún hombre, según la Biblia, después de la caída, nazca sin pecado original. Aunque todavía no sea consciente de ello en sus primeros años de vida, el pecado yace en él y es un impedimento hacia la salvación, la cual solo podrá ser provista mediante la gracia de Dios, pero nunca de la inocencia del mismo.

(BREVE ANÁLISIS DE LA CUARTA OBJECIÓN DEL LIBRO “EL CASO DE LA FE” DE LEE STROBEL)

por: Gilberto Rufat

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