jueves, 30 de julio de 2015

La enorme responsabilidad de la iglesia.

Pasaje a considerar:

"para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales." (Efesios 3:10)

Comentario:

No existe una mayor responsabilidad y a la vez, un mayor privilegio que ser portavoces del evangelio. Por consiguiente, la principal responsabilidad de la iglesia es enseñar y predicar el mensaje del evangelio para que la multiforme sabiduría de Dios sea dada a conocer a los principados y a las potestades superiores en los lugares celestiales.

¿Qué significa esto? 

Primero, que tenemos el privilegio de compartir y de dar a conocer el mensaje del evangelio, lo cual no le fue dado a los ángeles (1P. 1:12). 

Segundo, que los ángeles caídos, deben también conocer la victoria de la cruz y del plan o misterio de Cristo oculto desde los tiempos (Ef. 3:5). Ya que, la iglesia es llamada a ser baluarte y columna de la verdad (1Tm. 3:15).

Tercero, nada mas importante que predicar todo el consejo de Dios. Tristemente, no es el mensaje del misterio y la sabiduría de Dios lo que adorna nuestras iglesias. Nuestras iglesias y denominaciones se enfocan en actividades, música, compañerismo y todo tipo de estrategias para entretener, animar, motivar y retener a la gente hasta el próximo culto o evento.

Cuarto, necesitamos pastores que cumplan con las exigencias bíblicas. Como si esto no fuera suficiente, tenemos un liderato pastoral que desconoce sus raíces y doctrinas fundamentales. Por consiguiente, no tienen la más mínima idea de lo que es importante. Pastores sin credenciales, sin preparación teológica y en algunas organizaciones religiosas, sin ningún tipo de “accountability” no rinden cuenta a nadie.

Conclusión:

El evangelio debe ser dado a conocer por medio de la iglesia, por cuanto únicamente en él está el poder de Dios para salvación (Ro. 1:16). Las estrategias no podrán sustituir jamás la obra del Espíritu Santo (Hch.1:8). La idea de la iglesia no es retener, sino congregar y preparar a los santos para la obra del ministerio (Ef. 4:11-12). No necesitamos el protagonismo, sino la cualidad de ser servidores, colaboradores y embajadores de Cristo. 

SOLI DEO GLORIA

pastor Gilberto Rufat

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