martes, 17 de marzo de 2020

Le era necesario padecer, morir y resucitar (parte 6)

Tema: Le era necesario padecer, morir y resucitar (parte 6)

Pasaje a considerar: Mateo 16:21-23 y Daniel 9:24-27

(Mateo 16:21-23) Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

Predicación del domingo, 1 de marzo de 2020

Examinamos Daniel 9:24-27 y su relación con la muerte del Mesías.

1- Señalamos los puntos más sobresalientes sobre la profecía.
2- Presentamos dos ejemplos de cómo Daniel 9:24-27 es interpretado por la posición dispensacionalista.
3- Vimos algunos ejemplos de cómo esta profecía fue interpretada en el siglo 16 en la Biblia de Ginebra (1560) y de cómo Daniel 9:27 fue traducido en la Biblia del Oso de 1569.
4- Expusimos el contexto histórico que lleva a Judá al cautiverio babilónico.

Predicación del domingo, 15 de marzo de 2020

(Daniel 9:24-27) 24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. 25 Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. 26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. 27 Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.

Propósito: 

Mostraremos que el contexto para entender la profecía de Daniel 9:24-27, con relación a la muerte del Mesías y su propósito en la completa restauración del remanente, tienen que partir del contexto del libro del profeta Jeremías.

Contexto:

El contexto de la profecía comienza en Jeremías 24, porque allí se profetiza que Dios protegería a una parte del pueblo de Judá dentro del periodo del cautiverio babilónico.

(Jeremías 24:1-7) Después de haber transportado Nabucodonosor rey de Babilonia a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, a los príncipes de Judá y los artesanos y herreros de Jerusalén, y haberlos llevado a Babilonia, me mostró Jehová dos cestas de higos puestas delante del templo de Jehová. Una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que de malos no se podían comer. Y me dijo Jehová: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Higos; higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de malos no se pueden comer. Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien. Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra, y los edificaré, y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré. Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón.

Dios le mostró al profeta Jeremías que los transportados a Babilonia serían protegidos. Que luego de un periodo de cautiverio, Dios los volvería a plantar en Jerusalén, los bendeciría, les daría un corazón nuevo para que conocieran que él es Jehová y fueran su pueblo, tornándose a él de todo corazón.

Al inicio de Daniel 9:1-3, Daniel se halla leyendo al profeta Jeremías. En Jeremías 24 leería lo concerniente a los higos buenos y pudo entender que una vez el remanente fuera liberado del cautiverio babilónico regresaría a Jerusalén y su gloria le sería restaurada, por cuanto el mismo se tornaría a Dios de todo corazón.

El tiempo que el remanente de Judá estaría en Babilonia está contenido en Jeremías 25 y 29.

(Jeremías 25:11) Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años.

(Jeremías 29:10) Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar.

De Jeremías 25:11 se desprende que este remanente estaría en cautiverio babilónico por 70 años. Pasados los 70 años, según Jeremías 29:10, Dios los visitaría, despertaría en ellos su palabra y los volvería a regresar a Jerusalén. Mientras Daniel se encuentra leyendo el libro de Jeremías, es posible que se preguntara por qué no se había dado la orden de la liberación del remanente de Judá.

Daniel 9:1 da inicio colocándonos en el contexto histórico del primer año del reinado de Darío, hijo de Asuero. Daniel se encuentra en oración esperando la liberación de su pueblo mediante la confesión de sus pecados y los del pueblo (Daniel 9:4-19), pues ya había concluido el periodo de dominio babilónico.

La liberación del remanente de Judá ocurre en el reinado de Ciro de Persia, tal y como es constatado en el libro de Esdras y en el segundo libro de Crónicas.

(Esdras 1:1-5) En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo: Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén. Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén. Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y levitas, todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa de Jehová, la cual está en Jerusalén.

(2 Crónicas 36:22-23) Mas al primer año de Ciro rey de los persas, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, Jehová despertó el espíritu de Ciro rey de los persas, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito, por todo su reino, diciendo: Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba.

Es aquí donde cobra importancia la profecía de las 70 semanas de Daniel 9:24-27. ¿Por qué? Si bien es cierto que al remanente de Judá se le permitió salir para reconstruir el templo y la ciudad de Jerusalén, este estaba bajo el cautiverio del Imperio persa. En segundo lugar, la profecía relacionada con el cambio de corazón profetizado en Jeremías 24 no se efectuaría hasta el tiempo en que llegara y cumpliera su obra el Mesías Príncipe de Daniel 9.  Lo antes expuesto está contenido en los capítulos 30 al 32 del libro de Jeremías, de los cuales citaremos los versículos más importantes a continuación:

(Jeremías 30:7-9) ¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado. En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros no lo volverán más a poner en servidumbre, sino que servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien yo les levantaré.

Es de suma importancia entender que Jeremías anuncia que la total liberación del remanente no se cumpliría hasta que no se cumpliera la profecía referente al rey que vendría de la casa de David, esto es, a la llegada del Ungido, el Mesías o el Cristo. ¿Por qué? Porque sería a través de la vida, muerte y la resurrección del Mesías, que el pueblo recibiría la promesa del nuevo pacto para el remanente que sería salvo por gracia. Veamos cómo lo expone el profeta Jeremías.

(Jeremías 31:27-33) He aquí vienen días, dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal. Y así como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, y trastornar y perder y afligir, tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Jehová. En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera. He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.  

(Jeremías 32:37-40) He aquí que yo los reuniré de todas las tierras a las cuales los eché con mi furor, y con mi enojo e indignación grande; y los haré volver a este lugar, y los haré habitar seguramente; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.

La profecía de las 70 semanas de Daniel (que Daniel recibe de parte del ángel Gabriel) vienen a completar el esquema o plan de redención de Dios para su pueblo. Esto sirvió al propósito de que Daniel comprendiera que, aunque el remanente de Judá sería liberado y regresaría a Jerusalén, su total restauración no acontecería hasta que llegara el Mesías Príncipe. Dicha profecía venía a establecer la cronología de tiempo hasta la llegada del Mesías, quien cumpliría o traería el nuevo pacto para que el remanente recibiera un nuevo corazón y se tornara completamente a Dios para salvación.

Conclusión

Daniel 9:24-27 es una de las profecías más importantes, si no es la profecía más importante relacionada con la llegada del Mesías y su obra redentora por su pueblo. Concluimos que la manera correcta de interpretar dicha profecía es interpretarla según el contexto de Daniel 9, mediante el libro de Jeremías. Sin este tipo de acercamiento al texto solo estaremos siendo subjetivos, imponiéndole al texto nuestra propia interpretación.

La profecía de Daniel 9:24-27 es claramente entendible cuando se interpreta a la luz de Jeremías y de su cumplimiento, según se enseña en el Nuevo Testamento a través de la obra redentora de Jesucristo. De modo que dicha profecía tuvo cumplimiento en la primera venida de Jesucristo.

Por: Pastor Gilberto Miguel Rufat

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