viernes, 24 de junio de 2016

¿Por qué si Cristo murió por todos, no todos se salvarán?



¿POR qué si Cristo murió por todos, no todos se salvarán?


Pasaje a considerar

“así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (He. 9:28)

Breve Introducción

Sabemos que muchos al ver la pregunta, ¿por qué si Cristo murió por todos, no todos se salvarán?, tendrán la siguiente contestación. Porque no todos le abren su corazón a Cristo o porque no todos le reciben como su Salvador. En otras palabras, que la razón de los que se salvan radica en algo que ellos hacen para recibir a Jesús, pero ¿es esto lo que enseña la Biblia?
 
Con el propósito de contestar asertivamente la pregunta es necesario primeramente entender (aunque sea de manera general), la naturaleza y el propósito del sistema de sacrificios en el Antiguo Testamento.

Cada sacrificio aceptado por Dios era un acto de su gracia y una extensión de su misericordia. ¿Por qué? Por dos razones principales:

1- Porque los animales ofrecidos eran un medio temporero de reconciliación entre Dios y su pueblo.

2- Porque cada animal que moría, lo hacía en sustitución del que merecía la muerte.

Cada sacrificio realizado en el Antiguo Testamento mostraba dos cosas con relación al hombre y al sacrificio:  

1- La naturaleza pecaminosa de los hombres

2- La necesidad de un mejor sacrificio, el de Cristo  

El autor de la carta a los Hebreos enseña que el sistema de sacrificio de animales era tipológico de lo que se cumplió a través del sacrificio de Jesucristo. Por ende, el pacto antiguo era sombra de lo que Dios determinó en la eternidad realizar mediante la obra de Cristo. En no menos de dos ocasiones se presenta esta verdad en la carta.

“Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer. Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; [los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales], como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.” (He. 8:1-5)

“Porque [la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas], nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.” (He. 10:1-2)

Cuando examinamos con cuidado el pasaje de estudio, Hebreos 9:28, vemos tres grandes verdades que debemos entender sobre la obra y el significado de la salvación en Cristo.   


I- Cristo fue ofrecido una sola vez

El punto presentado es la suficiencia y la magnificencia del sacrificio de Cristo sobre los animales sacrificados en el antiguo pacto. Por cuanto los mismos eran continuos, ya que cubrían el pecado pero no lo quitaban (He. 10:4) y sólo podían recordarle al pecador su pecado, pero no podían cambiarle el corazón (He. 10:2-4).

“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. [De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado].” (He. 9:22-26)

Es importante observar que el autor expone que una vez ofrecido el sacrificio de Cristo, el problema con el pecado quedó resuelto para siempre.

“porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” (He. 10:14)

“añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.” (He. 10:17-18)

Los creyentes podemos tener seguridad de nuestra salvación porque la misma descansa en la obra vicaria de Cristo y no en nuestra obediencia a la ley. Sin embargo, la carta a los Hebreos también presenta que el que se rebela voluntariamente, es constantemente desobediente y no da fruto, por lo que no es salvo (He. 6:7-8; 10:26-29). Nuestra obediencia y santificación no nos salvan ni nos hacen merecedores de la misma, pero sí evidencian que fuimos salvos.


II- Cristo llevó el pecado de muchos

Existe un consenso general entre los cristianos de que Cristo murió por nuestros pecados. Pero, ¿murió por los pecados de todo el mundo? La pregunta es una importante y también debemos examinarla a la luz de la naturaleza y el propósito de los sacrificios en el Antiguo Testamento, a fin de tener una respuesta correcta.

El animal ofrecido debía primero ser aceptable, según los requisitos ordenados en la ley. Luego, el que presentaba la ofrenda en el Templo debía colocar sus manos sobre el animal, lo que significaba la sustitución, puesto quien en realidad debía morir por su pecado era el hombre. Después, el animal debía ser sacrificado. Este cuadro general de los sacrificios es importante para entender el porqué no todos los hombres se salvan. También, es necesario considerar lo que sigue:

1- Nunca en toda la historia del Antiguo Testamento se ofreció un sacrificio que no sustituyera a alguien. Todo animal moría por alguien.

2- Una vez ofrecido el sacrificio, el sustituto quedaba perdonado o reconciliado. No podemos tener un sacrificio en sustitución que una vez ofrecido y recibido por Dios, no fuese aplicado al sustituto o a los sustitutos.  

3- Ningún sumo sacerdote jamás ofreció un sacrificio por el pecado del mundo. Toda expiación en el Antiguo Testamento fue limitada, por cuanto era con carácter de exclusividad para su pueblo.     

“Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; y por causa de ella [debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo].” (Hebreos 5:1-3)

Si la objeción mayor a las doctrinas de la gracia es que Dios haya limitado su salvación a muchos y no a todos, entonces, también los oponentes de las mismas deben declarar injusto el sistema de sacrificios en el antiguo testamento por ser uno limitado a su pueblo.

Oh, ya puedo escuchar a algunos decir que la carta a los Hebreos no enseña la expiación limitada o que es mi interpretación calvinista. Primeramente, debemos definir a qué nos referimos cuando hablamos de la expiación limitada. Nos referimos a que Cristo murió únicamente por los pecados de su pueblo, al cual desde antes escogió (Ef. 1:4; Ro. 11:1-2). A continuación, veamos cómo es presentada esta verdad en el capítulo dos de la carta a los Hebreos.

“Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que [habiendo de llevar muchos hijos a la gloria], perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, [yo y los hijos que Dios me dio]. Así que, [por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo], para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Hebreos 2:10-17)

El autor expone que Jesús vino para “llevar muchos hijos a la gloria” (v.10). ¿A quiénes? Jesús dice: a “los hijos que Dios me dio” (v.13). ¿Por qué? Porque era necesario “por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo” (v.14). ¿Con qué propósito? Para socorrer a la descendencia de Abraham (v.16) o a su pueblo (v.17).

Dios no trazó un plan de redención para los ángeles que se revelaron (v.16), Por cuanto Dios no tiene por qué salvar al que se rebela contra él. Sin embargo, Dios trazó un plan para los que CONSTITUIRÍAn en sus hijos (He. 2:13; Jn. 1:12-13).


III- Cristo aparecerá por segunda vez  

El versículo finaliza afirmando la doctrina de la segunda venida de Jesucristo, como la culminación del soberano plan de Dios en Cristo. En la misma, Jesús aparecerá por segunda vez sin relación con el pecado, esto es, no como el Cordero que fue inmolado, sino como Rey de reyes y Señor de señores. De manera, que la obra de la salvación es de principio a fin, la obra de Dios en Jesucristo sobre aquellos que fueron destinados a la salvación.


Conclusión

La contestación a la pregunta ¿por qué si Cristo murió por todos, no todos se salvarán?, es la siguiente, porque Cristo no vino a expiar el pecado del mundo, sino que vino a expiar el pecado de su pueblo (Hebreos 2:17). Si Jesús hubiese muerto por todos, entonces, tendría que haber una salvación universal. El problema consiste en que la Biblia no la enseña. La fe no es la razón por la que somos salvos como muchos afirman, sino que es el medio por el que somos hechos participantes de la gracia. La salvación siempre ha sido por gracia y por medio de la fe en ambos Testamentos. 

Porque [por gracia sois salvos] por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2:8-10).

Pastor Gilberto Rufat

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