jueves, 13 de marzo de 2014

El Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos - Hechos 2:46-47


El Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos 
Rev. Gilberto M. Rufat 

Base Bíblica: Hechos 2:46-47 

“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” 

Introducción 

Algunos parecen ver la iglesia como una fábrica de hacer creyentes. Sólo es preciso ver la cantidad de seminarios que se realizan sobre el tema de la evangelización tipo mercadeo, con el propósito de presentarle a los creyentes estrategias para presentar el evangelio de manera efectiva a los inconversos. Dando a entender con ello, que en la manera en que presentamos el evangelio con efectividad, más personas responderán al llamado de Dios. No obstante, la palabra efectividad, cambia o es definida de diferentes maneras, dependiendo de quién ofrece el seminario. Según las Escrituras, la manera más efectiva de evangelización para la iglesia del Señor es la de vivir a Cristo, testificar de él y dejarle los resultados a Dios. De hecho, es esto lo que dice el pasaje citado como base bíblica para nuestra exposición:

“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

Mientras los creyentes perseveraban en Cristo, Dios añadía los que serían salvos. La pregunta que debemos hacernos es, ¿está en manos de la iglesia el futuro de la salvación de aquellos que no han creído? 



I. La iglesia como cumplimiento del decreto de Dios

El capítulo dos del libro de los Hechos pone todo el énfasis en la soberanía de Dios operada, según sus planes y propósitos y con ello, su poder y efectividad en el cumplimiento de lo que él estableció. Los apóstoles estaban el día de pentecostés aguardando la llegada del Espíritu Santo, sin saber a ciencia cierta cómo vendría sobre ellos y qué sucedería. No obstante, tal y como se les notificó, fueron investidos de poder para ser testigos y ser usados por la gracia divina. De este modo comenzó el tiempo de la iglesia.

La iglesia es el cumplimiento de las profecías del Antiguo testamento en las cuales se dijo, que Dios levantaría un remanente como pueblo, luego de castigar la insolencia y prevaricación de Israel como nación.

“Di, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel. Y volverán allá, y quitarán de ella todas sus idolatrías y todas sus abominaciones. Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios.” (Ezequiel 11:17-20)

Note que es el Señor, quien dispuso desde antes, el levantar de entre los perdidos o rebeldes, como una y otra vez es llamado en Ezequiel, un remanente o una congregación, para sí mismo. 



II. La iglesia como el remanente de Dios

La palabra iglesia proviene del griego “ekklesia - ἐκκλησία - G1577”, la palabra se deriva de “ek” que significa fuera de y “klesis” que significa llamamiento, el cual tiene como origen “kaleo” que significa llamar. En otras palabras, que la palabra iglesia significa los llamados de afuera, pero ¿afuera de qué?, pues del mundo. Así que la iglesia es más que un grupo de personas que se reúne en cierto lugar para adorar a Jesucristo, sino más bien, son aquellos que en la soberana gracia divina fueron convocados, esto es llamados para salvación. De manera que, los verdaderos creyentes son escogidos mediante la soberana gracia de Dios y por ende, llamados para conformar la iglesia de Dios. La palabra se usaba entre los griegos para identificar un cuerpo de ciudadanos reunido para considerar asuntos de estado (Hch. 9:39). En la versión griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta, lxx) se usa para designar a la congregación de Israel, convocada para cualquier propósito determinado, o una reunión considerada como representativa de la nación toda. La Septuaginta utiliza “ekklesia” para traducir en griego la palabra hebrea qâhâl (קהל), que significa congregación, asamblea, compañía o cualquier otro cuerpo organizado.

Según el teólogo William Barclay, el trasfondo griego de Ekklesia, en los grandes días de la Atenas clásica, la Ekklesia era la gente convocada y reunida en asamblea. La componían todos los ciudadanos de la metrópoli que no habían perdido sus derechos cívicos. En un sentido más amplio, ekklesia vino a significar cualquier asamblea de ciudadanos debidamente convocados. Es interesante hacer constar que el mundo romano nunca trató de traducir la palabra ekklesia; simplemente la transliteró, resultando ecclesia y la usó de la misma forma que los griegos.

No obstante, también existe un trasfondo hebreo para dicha palabra. En la Septuaginta, ekklesia traduce la palabra hebrea qâhâl (קהל) que proviene de una raíz que también significa "convocar". Normalmente, es usada para significar la "asamblea" o "congregación" del pueblo de Israel. En Dt. 18:16 y en Jue. 20:2, se traduce "asamblea" y en 1 R. 8:14, Lv. 10:17 y en Nm. 1:16, "congregación". Esta palabra es muy común en la Septuaginta, donde aparece unas setenta veces. En el sentido hebreo, por tanto, significa el pueblo de Dios, convocado por Dios, a fin de que escuche y actúe para Dios. En cierto sentido, la palabra "congregación", como traducción de ekklesia, pierde algo del significado esencial. Una "congregación" es cierto número de personas "que han venido juntas"; una qâhâl o ekklesia es cierto número de personas "que han sido convocadas". Las dos palabras originales, hebrea y griega, ponen todo el énfasis en la acción de Dios.



III. La iglesia como el recipiente de los llamados a salvación

Como claramente creemos haber evidenciado, la iglesia no es un grupo de personas que podemos reunir en cierto lugar con el propósito o fin de participar de un culto a Dios. Pues ninguno de ellos podría pertenecer a la iglesia, a no ser que hubiese primero sido llamado o convocado por Dios. De forma tal, que de manera inequívoca, el autor del libro de los Hechos pueda decir:

“Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

Esta expresión no representa el sentir de Lucas, sino que encarna la verdad de por qué no todos respondían al llamado del evangelio, mientras que otros sí respondían, ya que, sin la invitación del Señor y no de un truco de mercadeo, ninguna persona podría ser salva.

La palabra añadía, del griego “prostithemi –προστίθημι - G4369” significa poner a (pros, a; tithemi, poner), añadir, o poner al lado el cual denota su significado primario. En otras palabras, solamente Dios puede añadir a la iglesia los que han de ser salvos. Nuestra tarea como creyentes está centrada en vivir a Cristo y en testificar a Cristo, pero los resultados, siempre serán de Dios. Ninguna iglesia, por más que se afane podrá añadir un creyente más a la iglesia que no haya sido convocado primeramente por Dios. Ésta es la razón, por la que cualquiera que estudia los escritos del Nuevo Testamento verá, que el énfasis en las cartas a las diferentes iglesias no está centrado en la tarea de la evangelización como prioridad, sino más bien en la de vivir a Cristo y en permanecer en él. 


Conclusión


No es nuestra intención, el tratar de restarle importancia a la evangelización, porque ella es un mandato de Dios. Sin duda alguna, casi todas las iglesias, aun con sus diferencias reconocen la importancia de ello. Pablo mismo nos recuerda, cómo se convertirán, si no hubiese quién les predique, pero lo cierto es y el punto que queremos destacar es que la iglesia no es una fábrica de producir creyentes, sino un lugar donde Dios y sólo él les convoca, ya que, han sido llamados a salvación. Bendiciones.

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