jueves, 6 de febrero de 2014

La Homosexualidad y la Biblia

La Homosexualidad y la Biblia

por: Gilberto Rufat


Sin duda alguna, un “issue” que está ante la consideración del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América y que traerá grandes y profundas consecuencias a la sociedad como la conocemos hoy, de ser avalado o aprobado es el referente a la legitimidad del estado matrimonial entre las parejas del mismo sexo. Hoy, es una triste realidad.



Historia

La homosexualidad tal como la conocemos hoy no es nueva, aunque sí el nombre que se le asigna. La sodomía, término conocido en el pasado para lo que hoy llamamos homosexualidad, ha existido desde hace miles de años, remontándose a las sociedades más antiguas. La Biblia hace mención de dicha conducta en varias ocasiones, aunque la más conocida es la referente a la destrucción de Sodoma y Gomorra.
Investigaciones históricas y antropológicas también revelan la existencia de esta práctica en el pasado. En vastas sociedades como la Milanesa, la Amazona, África Central y partes de Egipto era común que los hombres sostuvieran relaciones sexuales entre sí durante cierto periodo de tiempo de sus vidas. En esas sociedades la pederastia (abuso deshonesto de parte de un adulto hacia un niño o sodomía) formaba parte de la paternidad y del desarrollo. Sin esa socialización sexual, algunas sociedades creían que sus hijos fallarían en ser hombres crecidos, valerosos y robustos.

En los tiempos de Moisés, los sacerdotes egipcios mantenían relaciones sexuales en el templo con los hombres que venían a adorar a la diosa Isis. Esta pervertida ceremonia fue esparcida por toda la vasta región del Mediterráneo, donde la misma diosa Isis era conocida por el nombre de Istar, Milita, Afrodita y Venus, entre otros. El mismo tipo de sacerdocio estaba presente en el culto a Apolo y a otras divinidades del mundo antiguo. Es por tal razón, que Dios le dijo a su pueblo: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación” (Lv.18:22).

Más allá de los tiempos paganos, las prácticas homosexuales eran comunes entre los egipcios, los héroes mitológicos, los filósofos griegos y los emperadores romanos. En la antigua Grecia, la adolescencia era el tiempo en que los jóvenes dejaban la casa de los padres para volverse amantes de otros hombres adultos, pues el sexo era parte de la relación afectiva y educativa. Es en esta misma época que se dan los escritos de Safo, en los cuales aparecen referencias al lesbianismo. Los historiadores señalan que 14 de los primeros 15 Césares en Roma fueron homosexuales.

Por razones religiosas, muchos pueblos del pasado mantenían relaciones homosexuales y aún en la actualidad, algunos las mantienen. Presente en prácticamente todas las sociedades de los tiempos más remotos, las prácticas homosexuales ocurrieron en toda Europa medieval en despecho de las presiones religiosas y civiles. Con la llegada de la era de los descubrimientos, se constató la presencia de la homosexualidad religiosa entre nativos de África Occidental y de América del Norte. Sin embargo, en la época renacentista diversas naciones europeas invocaron el castigo divino sobre Sodoma y Gomorra como buen motivo para reprimir la homosexualidad.

Tim Lahaye en su libro “Homosexualidad” señala que la homosexualidad pasó a través de diferentes culturas y civilizaciones secretamente por el hecho de no desear ser descubierta. En años recientes se ha vinculado a personajes bien conocidos como: Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Shakespeare, Federico el Grande, Goethe y Beethoven, entre otros.

En nuestros días, los actos homosexuales son parte de diversos grupos declaradamente satánicos, además de ser parte de diversas sectas falsas y heréticas. Entre estas sectas se conoció un grupo religioso dirigido por David Berg llamado “Los niños de Dios”, que promueve orgías sexuales entre sus adeptos, permite sexo entre adultos y niños, considera correcta la conducta homosexual y lésbica, estimula la masturbación y defiende la práctica del incesto.

En nuestros días, una gran campaña pro derecho de los homosexuales se levanta, sin que los creyentes y la humanidad estén conscientes de sus implicaciones y repercusiones en todas las áreas de la vida. 



¿Qué es la homosexualidad?  

El Nuevo Diccionario Ilustrado Sopena define la homosexualidad como: “que tiene el mismo sexo, con relación a otro. Sodomita que comete sodomía”. Lauwrence J. Hatterer autor de “Cambiando la Homosexualidad Masculina” dio esta definición: “Aquel que en su vida adulta está motivado por una atracción definida, preferencial, erótica hacia miembros del mismo sexo y quien usualmente, pero no necesariamente, tiene relaciones con éste”.

La palabra sodomía también es un término común para referirse al acto homosexual. Dicha palabra se deriva de Sodoma, la corrupta ciudad cananea que, junto a Gomorra, fue destruida por Dios. La palabra homosexualidad se aplica tanto a hombres como a mujeres cuya atracción física y sexual es hacia su propio sexo, aunque ahora se utiliza la palabra lesbiana o safismo para referirse a la unión contra natura de una mujer con otra. Dichos nombres se derivan de Safo escritor de la antigua Grecia, quien menciona una isla llamada Lesbo donde las mujeres hacían el amor entre sí. Entre los países de habla inglesa, el término “gay” ha sido usado también como sinónimo de homosexual.



¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?  

La Biblia define la homosexualidad como una desviación sexual, producto de la gradual depravación del hombre por causa de su naturaleza pecaminosa. Esta desviación abarca no sólo el aspecto físico, sino el emocional, mental y espiritual, siendo producto directo del alejamiento del hombre de su Creador y de su propósito para con él. Dicha conducta es vista en la Biblia como una pecaminosa, la cual inclina a los hombres a perversas pasiones, como tener relaciones contra natura; hombres con hombres y mujeres con mujeres. (Gn.19:4-8; Dt.23:17; 1R.14:24; 15:12; Ro.1:26-31; 1Co.6:9; 1Tm.1:9).

Algunos aspectos importantes a considerar a continuación:

I.  La Biblia enseña que la homosexualidad es pecado.

“9conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado” (1 TM. 1.9-11).


II.  La Biblia enseña que la homosexualidad es una desviación sexual.

“27Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn. 1.27).

“18Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 19porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. 21Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. 24Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. 26Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. 28Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Ro. 1.18-28).


III.  La Biblia enseña que la homosexualidad no debe ser practicada por el pueblo de Dios.

“22No te echarás con varón como con mujer; es abominación. 23Ni con ningún animal tendrás ayuntamiento amancillándote con él, ni mujer alguna se pondrá delante de animal para ayuntarse con él; es perversión.24En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros, 25y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores. 26Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros 27(porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada); 28no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros. 29Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hicieren serán cortadas de entre su pueblo. 30Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios” (Levítico 18:22-30).


IV.  La Biblia enseña que la homosexualidad es un vicio contra natura.

“26Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío” (Ro. 1.26-27).


V.  La Biblia enseña que la homosexualidad ha traído repercusiones devastadoras en la vida de los hombres.

“28Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Ro.1.28).

La homosexualidad representa un peligro para todos porque atenta contra lo que es la familia, la procreación, los valores bíblicos, la moral y la salud, entre muchas otras.


VI.  La Biblia enseña que los que practican la homosexualidad están bajo condenación.

“9En el año veinte de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá. 10Y reinó cuarenta y un años en Jerusalén; el nombre de su madre fue Maaca, hija de Abisalom. 11Asa hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre. 12Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho” (1R.15.9-12).

“45Los demás hechos de Josafat, y sus hazañas, y las guerras que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 46Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa” (1R.22.45-46).


VII.  La Biblia dice que los homosexuales no heredan el Reino de Dios.

“9¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1Co.6.9-10).


VIII.  La Biblia enseña que el homosexual puede ser transformado y restaurado.

9¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 11Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1Co.6.9-11).

“15y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. 16De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. 17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co.5.15-17).





Conclusión

La homosexualidad no puede ser considerada como un mero pecadillo o una falta menor, pues Dios entendió que esta inmoralidad merecía ser erradicada del pueblo de Dios, bajo pena de muerte.

"Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre." (Levítico 20:13) 

Aunque la homosexualidad es pecado, es preciso hacerle saber al homosexual que Jesús murió para salvar a todos los pecadores, que en arrepentimiento y fe se acerquen a él.

martes, 4 de febrero de 2014

DE LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS



DE LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS

San Agustín

ÍNDICE

CAPÍTULO 1: RESPONDE AGUSTÍN A LAS CARTAS DE PRÓSPERO E HILARIO

CAPÍTULO II: EL PRINCIPIO DE LA FE ES TAMBIÉN UN DON DE DIOS

CAPÍTULO III: CONFIESA AGUSTÍN SU ANTIGUO ERROR ACERCA DE LA GRACIA

CAPÍTULO IV: TODO LO HEMOS RECIBIDO DE DIOS

CAPÍTULO V: LA GRACIA DIVINA ES LA QUE DA VENTAJA A LOS BUENOS SOBRE LOS MALOS

CAPÍTULO VI: LOS CAMINOS DE DIOS SON INESCRUTABLES

CAPÍTULO VII: LA FE, FUNDAMENTO DEL EDIFICIO ESPIRITUAL

CAPÍTULO VIII: LA ENSEÑANZA DEL PADRE ES OCULTÍSIMA

CAPÍTULO IX:  REIVINDIA AGUSTÍN SU DOCTRINA DEFENDIDA EN OTRO TIEMPO

CAPÍTULO X: DIFERENCIA ENTRE LA PREDESTINACIÓN Y LA GRACIA

CAPÍTULO XI: ESTABILIDAD DE LAS PROMESAS DIVINAS

CAPÍTULO XII: QUE NADIE ES JUSTIFICADO EN VIRTUD DE LOS MÉRITOS FUTUROS

CAPÍTULO XIII: EL BAUTISMO NO ES EFECTO DE LA PRESCIENCIA DE LOS MÉRITOS FUTUROS

CAPÍTULO XIV: LOS PELAGIANOS, CONDENADOS POR LA ESCRITURA Y LA TRADICIÓN

CAPÍTULO XV: JESUCRISTO, EJEMPLAR PERFECTO DE LA PREDESTINACIÓN

CAPÍTULO XVI: DOBLE VOCACIÓN DIVINA

CAPÍTULO XVII: LA VOCACIÓN PROPIA DE LOS ELEGIDOS

CAPÍTULO XVIII: DIOS NOS ESCOGIÓ PARA QUE FUÉRAMOS SANTOS E INMACULADOS

CAPÍTULO XIX: EL PRINCIPIO DE LA FE ES TAMBIÉN OBRA DE DIOS

CAPÍTULO XX: DIOS DISPONE Y CONVIERTE LAS VOLUNTADES HUMANAS PARA EL REINO DE LOS CIELOS Y LA VIDA ETERNA

CAPÍTULO XXI: CONCLUSIÓN


lunes, 3 de febrero de 2014

Cómo organizar un ministerio en la iglesia



Cómo organizar un ministerio en la iglesia
Rev. Gilberto M. Rufat

¿Por qué una reunión de varones, mujeres o jóvenes? ¿Por qué y para qué tenerla?

El propósito es sumamente importante, es la brújula de las reuniones. Debe existir una razón claramente definida, ya que ésta será la pauta para dar forma al nuevo ministerio.


Una reunión no debe existir por el único hecho de tener un ministerio más, o porque todas las iglesias tienen uno parecido. Hay que saber por qué estamos haciendo lo que hacemos (o lo que queremos hacer) y tener metas y objetivos.

Visión:

La visión es una imagen del futuro que deseamos como ministerio o cómo queremos ser en el futuro. La visión de la iglesia es la respuesta a la pregunta, ¿qué queremos ser como ministerio en los próximos años?

El propósito de la visión es guiar, controlar y alentar a la organización o al individuo para alcanzar el estado deseable.

Misión:

La misión define las actividades a las que el ministerio se dedicará, las necesidades que suplirá y las personas que alcanzará.

La misión de la iglesia responde a la pregunta, ¿para qué existe el ministerio X?

Así como la visión es una imagen al futuro, la misión está enfocada en el presente.
Es decir, la misión responde a la pregunta: ¿qué estás haciendo hoy? o ¿a qué te dedicas hoy?

Objetivos:

Los objetivos representan el lugar hacia donde pretendemos llevar a un ministerio, como resultado de un plan de trabajo. Estos son los logros que nos proponemos alcanzar en un plazo determinado de tiempo; a corto plazo, un plazo mediano o a largo plazo. 


El objetivo es (a diferencia de la visión y la misión) cuantificable, pues necesita ser medido. El mismo tiene que ser enunciado específicamente (debe estar claro) y debe ser expresado de forma positiva. El objetivo tiene que estar alineado en el tiempo con la visión y en el marco con la misión.

Metas:

Las metas son el fin al que se dirigen las acciones de un ministerio. Las metas son objetivos a corto plazo y son logros concretos que se van realizando paso a paso. Estas son cuantificables y medibles; pueden ser desde logros diarios hasta mensuales. Las mismas tienen que estar alineadas en el marco y en el tiempo con el objetivo u objetivos propuestos.

¿Quiénes estarán involucrados en la organización y la planificación de un ministerio?

El número de personas involucradas en la organización de un ministerio variará, según el tamaño del grupo de la iglesia, así como de la disposición e interés de los que deseen involucrarse. También dependerá del tipo de gobierno de la iglesia y a base de éste, se definirá el equipo de trabajo y quiénes colaborarán en él.

Cada ministerio deberá poseer un liderato mínimo, el cual velará porque el ministerio cumpla con el plan de trabajo. En algunos casos sólo es necesario un director o presidente o líder de grupo, junto a un grupo de colaboradores. Los colaboradores mínimos por lo general consisten de un vicepresidente(a), un secretario(a), un tesorero(a), si se va a recoger una ofrenda y una persona encargada de promocionar las actividades.

Un trabajo en equipo puede ser más complicado pero es uno administrativamente más saludable, además de ser un modelo natural del cuerpo de Cristo. Enfatizamos en que los dones dados a cada creyente, es un aspecto muy importante a considerar, ya que más allá de la posición eclesiástica, debe considerarse el don espiritual, la habilidad y las distintas capacidades individuales para llevar a cabo esta labor.

Además la relación y la comunicación del grupo organizador con el liderazgo de la iglesia o Concilio, es básico para llevar un ministerio. Ya que, ningún ministerio es una mini iglesia dentro de la iglesia, sino un instrumento de alcance, dentro del plan general de una iglesia.

¿Cómo trabajar?

1- Después de definir el propósito por el cual existir y quiénes participarán en la organización, hay que planificar cómo lograr ese propósito.

2- Definir cómo se trabajará en el equipo organizador, qué responsabilidades tendrá cada quién y quién coordinará tal grupo.

3- Posteriormente, trabajar en la planificación de las reuniones; con qué frecuencia se llevarán a cabo las reuniones (semanal, quincenal, mensual o bimestralmente, entre otros) el horario, duración, el lugar, si incluirá algún tipo de refrigerio, cómo se sufragarán los gastos, etcétera.

4- Considerar, qué necesidades existen entre el grupo, definir el contenido y el programa de las reuniones.

5- Es importante planificar la publicidad del ministerio, cuándo y cómo se dará a conocer y mantener los avisos constantes de las reuniones, ya que una o dos veces previo a las mismas, no será suficiente.

Otras cosas a considerar:

Cada grupo es único, por lo que tiene sus propias características, necesidades, talentos y dones. Y, como todo en la vida, en este proceso de organizar y llevar a cabo el ministerio, la dependencia y búsqueda de la voluntad de Dios es lo principal. Cada persona involucrada en un ministerio necesita permanecer en Dios para poder ayudar a sus hermanos a crecer y para poder llevar a otros a conocer al Dios verdadero. El Señor dirigirá al grupo organizador a realizar su mejor papel en su entorno. Sigamos buscando su rostro cada día para que él nos guíe y dirija.

¿Existe tal cosa como el libre albedrío?

Libre Albedrío
Rev. Gilberto Rufat

 El término libre albedrío es uno acuñado por algunos filósofos y cristianos, en un intento de definir la capacidad o poder, que según estos, tiene el ser humano para decidir cómo ha de vivir. Veamos algunas definiciones:

Definición de la página de Wikipedia:

“El libre albedrío o libre elección es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen que los humanos, u otros animales, tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones."

Matt Slick:

“El libre albedrío es la habilidad que tiene cada individuo para tomar sus propias decisiones. Existen debates en cuanto a la extensión que tienen las personas de entender este libre albedrío.”

Sin embargo, desde un punto de vista bíblico, no es fácil el sostener el libre albedrío, sin ser inconsistentes e incoherentes con la correspondencia que debe haber entre las demás enseñanzas bíblicas. 


Diccionario Bíblico Certeza:
  “Si se toma la frase teológicamente, como si denotara una habilidad natural del hombre no regenerado para llevar a cabo actos que son indudablemente buenos a los ojos de Dios, o para responder a la invitación del evangelio, pasajes como Ro.8.5–8; Ef.2.1–10; Jn.6.44 parecen indicar que ningún hombre tiene la libertad de obedecer y tener fe mientras no sea liberado del dominio del pecado por la gracia preventiva. Todas sus elecciones voluntarias son, en un sentido u otro, actos de servidumbre al pecado, hasta que la gracia rompe el poder del pecado y lo lleva a obedecer el evangelio."

domingo, 2 de febrero de 2014

¿Qué significa amar al prójimo?


¿Qué significa amar al prójimo?  
Rev. Gilberto M. Rufat 

¿Qué es amor? El amor en la Biblia no es un mero concepto abstracto, pues no es posible amar, sin que éste no sea evidenciado y que tanto su propósito como su fin, sean el bien de quien se ama. La palabra amor está contenida dentro del marco de una relación, de ahí que Dios es amor (1Jn.4:8 y 16). 

¿A quién amaba Dios cuando el mundo no existía? Si el concepto monoteísta de un solo Dios y una sola persona en la deidad fuera el correcto, sería decir que Dios se amaba a sí mismo. Sin embargo, la Escritura establece que existe una relación de amor entre las tres personas de la Deidad, a saber; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Podemos observar a través de toda la Biblia, la consistencia del amor en la relación de la Deidad. Ahora, ¿cómo ha de ser la relación entre Dios y los hombres? La Biblia afirma que el verdadero amor como hemos dicho, debe evidenciarse en la relación. Jesús dijo:

“15Si me amáis, guardad mis mandamientos.” (Juan 14:15)
En otras palabras, no podemos decir que amamos a Dios y que tenemos una relación con él, cuando deliberadamente le desobedecemos. 

“6Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1Jn.1:6) Esto significa, que debe haber una correspondencia entre nuestros actos y la persona a la que amamos, en este caso Dios. Pero, ¿qué del amor al prójimo? En la historia del buen samaritano (Lc.10:25-37), podemos ver que Jesús preguntó quién fue el prójimo del hombre que estaba herido y no quién es mi prójimo. 

“36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.” (Lc.10:36-37) 

Tener misericordia es levantar al herido, no es complacerse del caído. Usted no puede decir que ama a alguien que está perdido y a la vez hacerse de la vista larga y proseguir su camino. Como tampoco puede decir que ama a alguien y conociendo que está haciendo algo indebido, usted lo consiente porque es su amigo. En Proverbios 27:5 podemos ver que el amor tiene que ver con cuidado, con dar dirección y todo lo que ello implica. 

“Mejor es reprensión manifiesta Que amor oculto.” (Pr.27:5) 

En otras palabras, amar es asumir la responsabilidad de cuidar y velar por otro. Note que nada tiene que ver con sentimentalismos, se trata de asumir y llevar a cabo su responsabilidad sobre los que se aman. Sin embargo, vivimos en un mundo donde amar es sinónimo de permitir, consentir, pues según algunos, allí reside el amor y peor aún cuando ello va encontra de lo establecido por Dios y el que dice amar se autocataloga cristiano. 

Si amar es consentir y tolerar el pecado, ¿para qué Dios envió a su Hijo? ¿Por qué tuvo que morir? El verdadero evangelio comenzó con la predicación de Juan el Bautista y su llamado al arrepentimiento. Luego Jesús comenzó a predicar la necesidad de arrepentimiento. Después los discípulos comenzaron a predicar. 

“38Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…” (Hch.2:38) 

Debería sorprendernos que al presente, un grupo de supuestos “pastores” conforme a las concupiscencias de los hombres, predique y defienda con vehemencia, que no hay que apartarse del mal, pues Dios les ama tales cuales son y ellos también. 

El amor consiste no únicamente en desear el bien, sino en evitar el mal. Por ende, no sólo amamos cuando hacemos el bien, sino cuando nos ocupamos en ayudar a otros a seguir el bien. Desde un punto de vista bíblico, amar comprende el corregir, el guiar y el señalar lo que es incorrecto porque se considera el dolor de otros y sus implicaciones como nuestras, sino pregúnteselo a una madre o a un padre. Imagínese que usted va al médico y le diagnostica cáncer. El médico, como no quiere confrontarlo con su situación, le dice: no se preocupe por su salud, siga adelante y todo irá bien. ¿Cree usted que eso es amor? 

Nadie puede decir que ama a alguien, cuando ve a otro haciendo algo indebido y le dice no te preocupes sigue adelante con tu vida, yo no te juzgo. Le pregunto, ¿es usted acaso la vara o la medida de Dios? No, pues ésta es la Palabra de Dios. ¿Cómo nos atrevemos llamar bueno lo que claramente Dios condena? ¿Podemos llamarle a eso amor?
 

“7Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. 9Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. 11Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.” (Hebreos 12:7-11) 

Dios nos ama y nos corrige y lo mismo demanda de cada uno de nosotros, en los diferentes tipos de relaciones. De ahí que Dios desee entrar a nuestra vida para cambiarla. El hacerse de la vista larga o el desentendido, no es sinónimo de amor, sino de irresponsabilidad, esto es prolongar el problema o el de esperar que se torne peor. El que no le corrige, no le ama, no importa cuán serio lo manifieste. Solamente aquel que le confronta con sus malas decisiones y le corrige, le ama. El verdadero amor persiste en lo que es debido para que a su tiempo pueda verse el fruto. Ningún problema puede ser resuelto desde la periferia, esto es, de afuera, hay que ir a la raíz del mismo. Por tal razón, Dios entró en contacto con nosotros, pues se requería de una intervención directa. Dios nos ama tanto, que decidió hacer algo antes de la fundación del mundo, al enviar a su Hijo en el cumplimiento de los tiempos para rescatarnos de lo que sería un estado de perdición en vida y de perdición eterna. Dios vio el mal que otros en su oscuridad no pueden ver e hizo algo más para que usted y yo no permaneciéramos en oscuridad, dio a su Hijo en rescate por nosotros. 

Quien verdaderamente le ama le corregirá. Los que le dicen que le aman y viéndole hacer lo malo e incorrecto, le expresan que eso no les debe importar a otros, no le aman. El que le dice siga adelante, conociendo de antemano los peligros y las consecuencias de sus acciones, no sólo no le ama, sino que muestra y evidencia, que no siente, ni padece por usted y que posiblemente está en la misma condición suya. 

“28Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; 29estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; 30murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 31necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; 32quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.” (Ro.1:28-32)

Conclusión  
El verdadero amor corrige, por eso Dios le llama al arrepentimiento porque realmente le ama y quiere que usted vea la luz. 

“Amar es procurar el mayor bien de aquel a quien se dice amar, nunca es consentir el mal.” Rev. Gilberto M. Rufat

¿PUEDE UN CREYENTE PERDER SU SALVACIÓN, SEGÚN HEBREOS 6:4 AL 6?

  ¿PUEDE UN CREYENTE PERDER SU SALVACIÓN, SEGÚN HEBREOS 6:4 AL 6?    Base bíblica: Hebreos 6:4-6   “Porque es imposible que los que un...