lunes, 5 de octubre de 2020

“Muchos son llamados, y pocos escogidos” - Mateo 22:1-14

Mensaje: “Muchos son llamados, y pocos escogidos” 


Base bíblica: Mateo 22:1-14

Introducción

La parábola de la fiesta de bodas es la tercera de una serie de tres parábolas. Estas fueron pronunciadas como una respuesta de Jesús ante el rechazo a su autoridad, por las principales autoridades religiosas judías. La primera parábola, la de los dos hijos, presenta que los hijos del reino de los cielos son únicamente aquellos que obedecen la voluntad del Padre. La segunda parábola, la de los labradores malvados, anuncia el juicio que vendría contra los que se adueñaron de la viña de su Amo y mataron a su Hijo amado. Razón por la cual, el reino les sería quitado y otorgado a otros labradores. De manera que esta parábola destaca que solamente formarán parte del reino de los cielos aquellos que evidencian los frutos de él. La tercera parábola, la que expondremos a continuación, habla sobre el destino de los que menosprecian el señorío de Jesucristo al rechazar la invitación del Rey a participar en la fiesta de bodas de su Hijo.

Exposición del texto

1 Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:

El primer versículo nos coloca dentro del contexto de la parábola, el cual toma como base el rechazo de los principales líderes religiosos judíos a la autoridad de Jesús (Mateo 21:23-27).

2 El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo;

Este versículo presenta que el tema de la parábola, al igual que el de las dos anteriores, gira en torno al reino de los cielos. Es preciso recordar que el evangelio de Mateo es el evangelio del Rey y del Reino y que la base de estas tres parábolas es el rechazo de los principales líderes religiosos judíos a la autoridad de Jesús.

3 y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. 4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. 5 Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; 6 y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.

En la parábola de estudio, vemos una similitud con la parábola de los labradores malvados. Ambas muestran un alto grado de paciencia, antes del juicio. El rey pudo haber actuado inmediatamente ante el desprecio de los convidados a su invitación. Dicha invitación en sí misma es un privilegio para quienes han sido invitados, por cuanto el rey no tiene por qué invitarlos a la boda de su hijo. Además, la parábola muestra que un rechazo a la invitación del rey es un rechazo a su autoridad.

Por otro lado, vemos que la invitación a participar del reino de los cielos por medio del evangelio, no solo consiste de buenas nuevas de salvación para los que por la gracia de Dios proceden en arrepentimiento y fe en la obra de Jesucristo, sino que también muestra el juicio de Dios a los que rechazan su autoridad.

7 Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.

El contexto de la parábola evoca la destrucción de la cuidad de Jerusalén, destrucción que Jesús había anunciado en su entrada triunfal.

Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. (Lucas 19:41-44)

La ciudad de Jerusalén fue destruida en una generación, tal y como Jesús lo profetizara en Mateo 24:34.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. (Mateo 24:34-35)

Este juicio fue nuevamente profetizado por Juan en Apocalipsis 17 antes de que ocurriera, es decir, el juicio contra la ciudad ramera de Jerusalén.

8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. 9 Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. 10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.

La parábola también señala que el reino de los cielos alcanzaría a gentiles que creerían, según la buena voluntad de Dios, a la invitación del Rey. El libro de los Hechos muestra cómo esto se fue cumpliendo poco a poco. Hechos 9 presenta la conversión de Saulo de Tarso, quien sería enviado a los gentiles y Hechos 10 expone el momento en el que Dios le comunica al apóstol Pedro que el evangelio también alcanzaría a los gentiles, lo que confirma en casa de Cornelio.

La carta a los Efesios en el capítulo tres habla del misterio del plan de Dios, en el cual revela que en su Hijo Jesucristo, los judíos y gentiles creyentes, respectivamente participarían de la misma promesa del pacto.

que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, (Efesios 3:3-6)

El libro histórico de los Hechos en el capítulo 15 muestra que a los principales líderes cristianos también les costó entender el plan de Dios en Cristo.

11 Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. 12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. 13 Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Del mismo modo en que los primeros convidados, los judíos, fueron enjuiciados por su menosprecio a la obra de Jesucristo, la parábola también muestra que los gentiles no entrarán a la fiesta de bodas sin estar vestidos apropiadamente para la misma.

Los primeros convidados despreciaron el evangelio o la invitación del rey, porque “no eran dignos” (Mt. 22:8). Esta expresión debe interpretarse a la luz de lo expuesto por Jesús en Mateo 10.

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. (Mateo 10:37-39)

En Mateo 10, luego de Jesús escoger a sus discípulos (Mt. 10:1-5), los comisiona a ir y predicar el mensaje del reino en territorio judío exclusivamente (Mt. 10:6-10). Les dijo que se informaran de quiénes eran dignos y que en aquellas casas compartieran el mensaje (Mt. 10:11-13). También les comunicó que donde no los recibieran, se sacudieran los pies y prosiguieran, pues les llegaría el juicio (Mt. 10:14-15).

Posteriormente, les enseña qué significa ser dignos exponiéndoles que ser dignos consiste en amar a Dios por encima de todo, la disposición a morir a una vida de pecados y al egoísmo irracional que caracteriza al hombre caído y a obedecer al Rey del reino de los cielos cada día. Esta sería la señal del remanente que fue anunciado por los profetas que sería salvo, por cuanto mostrarían estas características como distintivos de haber sido escogidos por la gracia de Dios. Dios cambiaría sus corazones para que pudieran proceder al verdadero arrepentimiento y a la sola fe en Jesucristo.

14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

Este pasaje es extremadamente importante porque testifica la razón por la cual, ante la misma invitación del evangelio, unos responden mientras otros la rechazan. Vemos que esta fiesta de bodas fue planificada con tiempo y que todos los recursos o medios necesarios fueron debidamente provistos para la misma. Sin embargo, pocos se percatan de que la parábola finaliza señalando que el Rey preparó desde la eternidad (pasada), no solo la invitación de la fiesta de bodas de su Hijo con la iglesia, sino también a aquellos que participarían de la misma. Esto, según las Escrituras, fue decidido de acuerdo con el puro afecto de su voluntad. Esto se llevaría a cabo por medio de Dios Espíritu Santo, quien obraría eficazmente en el corazón de los convidados escogidos para que siendo justificados por la obra del Hijo, pudieran participar de la salvación preparada por el Rey, antes de la fundación del mundo.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados(b) según las riquezas de su gracia, (Efesios 1:3-7)

Conclusión

Concluimos que la tercera parábola, la de la fiesta de bodas, muestra el juicio que vendría contra la ciudad de los primeros convidados, por causa de haber menospreciado y de haberse rebelado contra el Rey. Por otro lado, la parábola muestra que aquellos que participarán del reino de los cielos lo harán no porque escucharon la invitación a la boda del Hijo del Rey, sino porque fueron hallados vestidos dignamente para participar de la misma. La única manera de ser hallados aceptos para participar del reino de los cielos es por medio de la obra redentora del Hijo. Este proveería a todos los hijos que escogió desde la eternidad de su justicia perfecta. Justicia que nos fue imputada, por gracia, a través de su vida perfecta, su muerte sustitutoria y la aceptación de la misma por Dios confirmada en su resurrección, la que es a su vez la base de nuestra resurrección. ¡A Dios sea la gloria, por su glorioso plan de salvación en Cristo!

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