lunes, 15 de junio de 2020

¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? - Mateo 19:1-12

Mensaje: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?

Base bíblica: Mateo 19:1-12

1 Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán. 2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí. 3 Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? 4 Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, 5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? 6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. 7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 8 El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. 9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. 10 Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. 11 Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. 12 Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba. (Mateo 19:1-12)

Introducción

Jesús había salido de Capernaum en dirección a Perea, donde pasaría un corto tiempo, para posteriormente ir a Jerusalén. En Jerusalén daría su vida por sus ovejas, tal y como lo había anunciado a sus discípulos anteriormente (Mateo 16:21; 17:22-23).


En su travesía hacia Jerusalén, vemos cómo la gracia común de Jesucristo obra en favor de muchos a pesar de que estos no pueden reconocerlo como el Mesías. No obstante, su gracia eficaz habría de alcanzar a todos aquellos que conforme al decreto eterno serían llamados a salvación.  

La pregunta que le hicieron los fariseos a Jesús sobre el tema del divorcio es una sumamente importante. Sin embargo, la misma no fue hecha de manera legítima, pues no tenía el propósito de conocer la verdad. La misma servía al propósito de colocar a Jesús, al contestarla, en una situación difícil, por cuanto los rabinos y la sociedad judía en general estaban divididos en su posición sobre este tema. Es preciso resaltar el hecho de que por pronunciarse sobre este tema, a Juan el Bautista le costó su vida (Mateo 14:3-12).

Aunque la pregunta no era una bien intencionada, Jesús no se negó a contestarla. En 1 Pedro 3:15 vemos que los creyentes deben estar siempre preparados para presentar defensa ante todo aquel que demande razón de la esperanza que hay en ellos. Es lamentable ver en nuestros días cómo algunos llamados “líderes” contestan preguntas legítimas haciendo uso de zonas grises, es decir, buscando no ser categóricos, por temor a perder su audiencia, a fin de congraciarse con la misma. La razón por la que muchos no escuchan la voz de Dios es porque no son sus ovejas. Los pastores no han sido llamados a ser parte de un concurso de congenialidad con el mundo. Estos han sido llamados a ser embajadores de la única verdad que conduce al camino en quien se halla la vida eterna, Jesucristo.

Exposición del texto

I. ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?

Los fariseos le preguntan a Jesús para tentarlo si el hombre puede divorciarse de su mujer por cualquier causa. En el tiempo de Jesús, existían dos escuelas teológicas de pensamiento rabínico relacionadas con la interpretación de la ley del divorcio presentada en Deuteronomio 24:1-4. Una, era una escuela liberal, en la que el divorcio era concebido por cualquier razón que desagradara al marido y la otra, una escuela conservadora, que creía que el divorcio se limitaba a un asunto de índole de inmoralidad sexual. Sin embargo, Jesús no entra a favorecer a ninguna de las dos escuelas principales de pensamiento rabínico, sino que dirige toda la atención de los fariseos hacia lo que la Biblia establece sobre el pacto marital, afirmando lo que sigue:

4 Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, 5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? 6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. (Mateo 19:4-6)

Observamos que Jesús les contesta la pregunta llevándolos al tema del matrimonio. ¿Por qué? Porque no es posible hablar del tema del divorcio, es decir, de la anulación o el fin del pacto marital entre un hombre y una mujer, sin hablar primero del matrimonio, lo que se pretende anular.

La frase “no habéis leído” establece que la base sobre la cual debemos juzgar, evaluar y entender cualquier asunto concerniente a la vida de los hombres es por medio de la palabra de Dios. La Biblia y solo la Biblia ha de ser para el creyente su única regla en materia de fe y de práctica en todos los asuntos del saber humano. Por lo tanto, es irrelevante lo que otros suponen, opinan y teorizan. El deber de los cristianos es ir a la Biblia y tomar el tiempo que sea necesario para estudiar con detenimiento el tema que se pretende conocer interpretando las Escrituras consigo mismas.

El enunciado “el que los hizo al principio” establece que el matrimonio fue determinado por Dios. Que el mismo no es el resultado de un arreglo de convivencia entre los seres humanos. En otras palabras, que el matrimonio no es una construcción social. Por consiguiente, si el matrimonio fue establecido por Dios, entonces debemos buscar en la Biblia, cuál fue el propósito o la intención original del mismo, para evaluar la crisis marital que venimos viviendo, antes de hablar de su anulación.

La expresión “varón y hembra los hizo” establece que el matrimonio es monógamo, esto es, que el pacto marital es con una sola pareja. Además, que dicho estado está limitado a un hombre y una mujer, así que cualquier otra relación fuera de la concebida y ordenada por Dios, es abominable y anatema. Esto es de vital importancia porque cuando actuamos contrario a lo establecido por Dios, no solamente nos rebelamos contra él, sino que estamos en pecado. Esto nos confronta con el hecho de que vivimos en un tiempo, en el que muchos llaman matrimonio a cualquier relación que se les ocurra en su condición lujuriosa caída y otros, aunque no la viven personalmente, la consienten en los demás. También es importante señalar, que tanto el hombre como la mujer fueron creados por Dios y ambos son portadores de su imagen, por lo que el hombre no puede tratar a su mujer, ni disponer de ella como si fuera una cosa u objeto.

26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (Génesis 1:26-27)

Las Escrituras demandan del esposo un amor abnegado a su esposa como el de Jesucristo por su iglesia, por consiguiente, cualquier otro estándar es ajeno a la palabra de Dios.

25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, (Efesios 5:25-29)

La frase “Por esto el hombre dejará padre y madre” establece que uno de los propósitos del matrimonio es preparar a los hijos para el estado marital. Tristemente, los padres de hoy se esfuerzan únicamente en apoyar y estimular a los hijos a estudiar, como si la adquisición de una carrera profesional fuera a proveerles la base para salir adelante en la vida. Sin duda alguna, quien ha de comprometerse en matrimonio debe tener los medios para sustentar a su esposa y a los hijos que Dios les dé en su gracia. No obstante, la parte económica no es la base del matrimonio.  

La base de todo matrimonio es Dios. Sin él, el hombre y la mujer están condenados a vivir a merced de sus propias expensas, siendo esto una receta para el caos y el fin del mismo. Según hablamos de que el hombre sin Dios está perdido y no puede hallar el propósito verdadero para la vida, del mismo modo, el matrimonio no fue diseñado para vivirlo ajeno a la voluntad del Creador. Dios no solamente creó el matrimonio, sino que él le dio propósito y lo sostiene. 

El enunciado “se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” significa que la unión vital de la que depende toda la estructura de la sociedad es el matrimonio. Es por esta razón que siempre será el principal escenario de ataque de Satanás. Si bien es cierto que los hijos son llamados a sujetarse y a honrar a los padres, una vez salen del hogar para casarse deben centrar su esfuerzo en su nuevo hogar. Esto no significa que los padres no sean importantes, sino que su atención y cuidado principal ha de ser hacia su cónyuge.

El propósito del matrimonio es que un hombre y una mujer se comprometan por una decisión de la voluntad en una relación de pacto marital en la que ambos forman una unidad en Dios. Estos no buscan competir entre ellos, ni buscan la satisfacción personal egoísta de uno o de ambos en la relación marital, sino que ahora buscan trabajar juntos para la gloria de Dios.

La expresión “Así que no son ya más dos, sino una sola carne” representa que en el pacto marital, según el diseño de Dios, la vida del hombre y de la mujer se fusionan en uno. No es que van a llegar ser uno, es que dentro del diseño y el propósito de Dios, ya son uno, así que deben vivir como uno. El problema consiste en que una de las partes o ambos muchas veces no se concibe o conciben como parte integral del otro.

De manera que “lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” significa que el divorcio o la anulación del pacto marital no es el propósito de Dios. De hecho, la Biblia establece que Dios repudia el divorcio.  

Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales. (Malaquías 2:16)

La pregunta original de los fariseos fue la siguiente: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? La respuesta inmediata de Jesús a estos fue, “lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. De su respuesta se desprende que el divorcio no es la voluntad de Dios. Sin embargo, el hecho de que algo no sea la voluntad de Dios, no significa que por causa de la condición del corazón del hombre, Dios no haya dado o provisto una ley para el divorcio.  

Conclusión

Concluimos que no es la voluntad de Dios que un hombre y una mujer que se han unido en santo matrimonio terminen en un proceso de divorcio. Es menester que cada matrimonio busque salvaguardar el pacto marital corrigiendo y enmendando lo que pudiera estar haciéndole daño a la relación. También, deben perdonarse y amarse buscando la unidad mediante la dirección que provee la palabra de Dios. Cualquier otra meta en el matrimonio que no sea vivir para la gloria de Dios, terminará tarde o temprano destruyendo el pacto marital. Dios y únicamente él es quien hace posible que dos pecadores puedan coexistir haciendo la paz y que puedan trabajar juntos para su gloria.

Por: Pastor Gilberto Miguel Rufat

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