lunes, 9 de diciembre de 2019

Siete características fundacionales de la iglesia (parte 2)


Tema: Siete características fundacionales de la iglesia (parte 2)

Base bíblica: Mateo 16:18 al 20

Propósito: Mostrar que Jesús es el Señor de la iglesia y que la misma constituye el cumplimiento del pueblo o el remanente que sería salvo en los días del Mesías Príncipe.

Introducción:

En Mateo 16:13 al 17 vimos la importancia de la Cristología, esto es, la doctrina acerca de quién es Jesucristo. En Mateo 16:18 al 20 vemos cómo la eclesiología o la doctrina de la iglesia está ligada a la Cristología y especialmente a la soteriología o a la doctrina de la salvación. ¿Por qué? Porque sobre la persona de Jesucristo y sobre aquellos a quienes este vino a salvar está constituida la iglesia.

En Mateo 16:18 al 19 encontramos siete características fundacionales de la iglesia:

I. Jesús es la roca o piedra angular de la iglesia: “esta roca” (Mateo 16:18)

II. Jesús es el dueño de la iglesia: “mi iglesia” (Mateo 16:18)

III. Jesús es quien edifica a su iglesia: “edificaré” (Mateo 16:18)

IV. Jesús le ha dado autoridad a la iglesia para cumplir su misión: “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18)

V. La centralidad del evangelio de Jesucristo como el único medio de salvación en la iglesia: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos” (Mateo 16:19)

VI. La responsabilidad de los ancianos de velar por la comunión en la iglesia: “todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos;” (Mateo 16:19)

VII. La autoridad de los ancianos en el ejercicio de la disciplina en la iglesia: “y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16:19)

Exposición del texto:

Mateo 16:18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Debemos entender que la iglesia está compuesta por todos los que como Pedro reciben la bienaventuranza de creer en la roca, Jesucristo. Además, debemos comprender que los llamados a salvación no constituyen un nuevo pueblo, asamblea o congregación. Jesús les había explicado a sus discípulos en la primera parábola sobre el reino, la parábola del sembrador en Mateo 13:11 al 16, que únicamente los herederos del reino de su Hijo recibirían entendimiento para creer en Jesús. El segundo día después de la alimentación de los cinco mil, Jesús reforzó esta enseñanza cuando les manifestó a sus discípulos que solamente vendrían a él para salvación aquellos que el Padre le traería (Juan 6:37, 44 y 65).

Lo antes expuesto es importante para poder entender por qué Jesús luego de la confesión de Pedro y de hablar de los cimientos de la iglesia, mandaría a sus discípulos a no tratar de convencer a nadie de que él era el Mesías (Mateo 16:20). ¿Por qué? Porque la obra de convencimiento y la reunión del pueblo escogido por gracia sería la tarea de Dios Espíritu Santo (Juan 16:7 al 10). Los apóstoles serían los únicos portadores y proclamadores de dicho mensaje.

La Confesión Bautista de Fe de 1689 en su artículo sobre la iglesia expresa en su primer punto lo siguiente:

La iglesia católica o universal, que (con respecto a la obra interna del Espíritu y la verdad de la gracia) puede llamarse invisible, se compone del número completo de los electos que han sido, son o serán reunidos en uno bajo Cristo, su cabeza; y es la esposa, el cuerpo, la plenitud de aquel que llena todo en todos.

La Confesión Bautista de Fe de 1689 claramente enseña que Dios tiene un solo pueblo, aquel que se compone de la totalidad de todos los elegidos llamados a salvación a través del tiempo en Jesucristo. Sin embargo, el comentarista William MacDonald afirma la creencia de muchos dispensacionalistas pretribulacionistas, de que la iglesia es una sociedad nueva creada el día de Pentecostés y sin ninguna relación con el pueblo de Dios en el Antiguo Pacto.

Aquí tenemos la primera mención de la iglesia en la Biblia. No existía en el A. T.. La iglesia, todavía futura cuando Jesús dijo estas palabras, fue constituida el Día de Pentecostés, y se compone de todos los verdaderos creyentes en Cristo, tanto judíos como gentiles. Es una sociedad distinta, conocida como el cuerpo y la esposa de Cristo, y posee un llamamiento y destino singular y celestial.

MacDonald señala que la iglesia es una sociedad distinta a la del Antiguo Testamento. Lo que está diciendo es que el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y el pueblo de Dios en el Nuevo Testamento son dos pueblos distintos. Lo segundo que expresa es que cada pueblo tiene un llamamiento distinto, es decir, que serían salvos a través de dos pactos distintos. Tercero, plantea que existen dos promesas diferentes; una de carácter espiritual para la iglesia y una terrenal para Israel. El problema con estas tres afirmaciones es que son falsas, porque parten de la premisa equivocada de que la iglesia es un pueblo nuevo.

En primer lugar, los opositores del cristianismo nunca creyeron que la iglesia fuera un pueblo nuevo. Los cristianos llamados primeramente el Camino eran considerados una herejía dentro del judaísmo. La razón radica en que para los judíos existe un solo pueblo escogido por Dios, Israel.   

Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; (Hechos 24:14)

Hechos 24:14 es parte de la defensa del apóstol Pablo ante Félix. En esta, Pablo expone que el Camino no era una herejía, sino el cumplimiento de todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas. Si el Camino era el cumplimiento del pueblo profetizado en el Antiguo Testamento que sería salvo, entonces ¿cómo algunos pueden afirmar que la iglesia es un pueblo nuevo?

En segundo lugar, los apóstoles tampoco creyeron que la iglesia era un pueblo diferente al Israel de Dios. Estos estaban convencidos de que eran el remanente profetizado que sería salvo en los días postreros.

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. (Hechos 2:38 al 39)

Pedro creyó que los que respondían en arrepentimiento y fe al mensaje del evangelio estaban siendo llamados por Dios, como el cumplimiento de Joel 2.

Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado. (Joel 2:32)

Si la iglesia nació el día de Pentecostés como John MacArthur y William MacDonald proponen, entre otros, entonces ¿por qué Pedro sostiene en Hechos 2, en su primer sermón, que los llamados a salvación eran el cumplimiento de la profecía de Joel 2? Siendo los primeros creyentes el cumplimiento del remanente profetizado en el Antiguo Testamento que sería llamado a salvación, no pueden ser catalogados como una entidad o pueblo nuevo.

En tercer lugar, el misterio de Cristo con relación a la naturaleza de la iglesia es revelado en la carta a los Efesios.

que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, (Efesios 3:3 al 6)

El misterio con relación a la iglesia no reside en la formación de un pueblo nuevo, sino en que en dicho pueblo los gentiles serían coherederos y miembros del mismo cuerpo y copartícipes de las mismas promesas de Dios en Cristo.

En Mateo 16:18 encontramos la segunda característica fundacional de la iglesia.

II. Jesús es el dueño o el Señor de la iglesia: “mi iglesia” (Mateo 16:18)

La expresión “mi iglesia” tiene dos connotaciones importantes que no pueden dividirse: La iglesia es una y le pertenece a Jesús.

Mateo es el evangelio del anuncio de la llegada del rey prometido y, por lo tanto, del anuncio de la cercanía de la institución de su reino. La iglesia en Mateo es el pueblo del rey. Recordemos que el título “hijo de Hombre” era uno de carácter mesiánico que proviene del libro del profeta Daniel. En este libro encontramos una triple descripción de Jesús que podemos ver en Mateo 16:18 al 20.

En Daniel 2, Jesús es la piedra profetizada que destruiría el periodo del dominio gentil sobre Judá y de la cual, Dios levantaría un gran monte que llenaría la tierra. 

Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra. (Daniel 2:34 al 35)

Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación. (Daniel 2:44 al 45)

En Daniel 7, Jesús es el Hijo del Hombre que recibe el reino de manos del Anciano de días.

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. Se me turbó el espíritu a mí, Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron. Me acerqué a uno de los que asistían, y le pregunté la verdad acerca de todo esto. Y me habló, y me hizo conocer la interpretación de las cosas. Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra. Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre. (Daniel 7:13 al 18)

Daniel profetiza que en los días del cuarto imperio un Hijo de hombre recibiría el reino, para reinar sobre los santos del Altísimo. El primer imperio en Daniel 2 es Babilonia, el segundo fue el Medo Persa, el tercero fue Grecia y el cuarto y último imperio fue el romano. Según el evangelio de Mateo, es en el último imperio, el romano, que nace Jesús el Mesías.

En Daniel 9, Jesús es el Mesías Príncipe que sería muerto a mitad de la semana setenta según el decreto de Dios comunicado a Daniel por el ángel Gabriel, para traer salvación a su pueblo.

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. (Daniel 9:24 al 26)

Mateo 2 muestra que Jesús es el cumplimiento de la profecía de Daniel 9.

Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel. (Mateo 2:6) 

En Génesis 49, Jesús es Siloh o el Mesías en el cual se congregarían los pueblos, quien vendría de la tribu de Judá dando cumplimiento a la profecía del Mesías Príncipe de Daniel 9.  

Judá, te alabarán tus hermanos; Tu mano en la cerviz de tus enemigos; Los hijos de tu padre se inclinarán a ti. Cachorro de león, Judá; De la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, Así como león viejo: ¿quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos. (Génesis 49:8-10)

Conclusión:

Concluimos que Jesucristo es Señor de su iglesia (Mateo 16:18). Que la misma está compuesta de la totalidad de los elegidos que Dios el Padre decidió salvar en Cristo (Hebreos 2:12 al 13). Que dicho pueblo fue separado o escogido desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4 al 6). Que la iglesia representa a todos los redimidos a través de todos los tiempos mediante la fe en la obra redentora de Dios el Hijo, Jesucristo (Hebreos 11). Que todos y cada uno de estos son llamados eficazmente a su debido tiempo para salvación por medio de la acción de Dios Espíritu Santo (1 Corintios 12:13).

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