lunes, 14 de septiembre de 2020

“No halló nada en ella”: La maldición de la higuera - Mateo 21:18-22

Mensaje: “No halló nada en ella”: La maldición de la higuera


Base bíblica: Mateo 21:18-22; Marcos 11:12-14, 20-26


Introducción


Una parte de la historia narrada en Mateo 21:18-22 acontece un lunes, según Marcos 11:12-14, y la otra parte, un martes, según narrado en Marcos 11:20-26. Esto es, que los versículos 18 y 19, respectivamente, cubren lo sucedido cuando Jesús sale de Betania un lunes, según Marcos 11:12 y los versículos 20 al 22 cubren lo que acontece un día después, cuando los discípulos al pasar se percatan de que la higuera se había secado. 

Colocar los eventos en orden permite tener un cuadro mejor de lo que Mateo enseña. Por cuanto la entrada de Jesús a Jerusalén, la maldición de la higuera y la purificación del templo están asociadas con la destrucción de Jerusalén anunciada por Jesús en Lucas 19:41-44.


Exposición del texto


Mateo 21:18 Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre.

El detalle en la narración de que Jesús “tuvo hambre” tal vez no parezca uno tan relevante si es comparado con la maldición de la higuera, pero es evidencia de la naturaleza humana del Hijo de Dios en su encarnación. Recordemos que Jesús será entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios (Hechos 2:23; 1 Pedro 1:18-20), para expiación del pueblo que decidió salvar antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4).

Mateo 21:19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.

Lo que ocurre con la maldición del árbol de higuera no es una falla en el carácter de Jesús, como si de un berrinche o rabieta de un muchacho se tratara, cuando el evangelio de Marcos 11:13 expone que “no era tiempo de higos”.

¿Por qué razón Jesús maldeciría un árbol que no tenía fruto, si no era tiempo de fruto?  Para contestar esta pregunta es preciso recordar que Jesús se encuentra en Jerusalén para ser entregado como el cordero pascual, para salvación de muchos. La pascua se celebraba en Jerusalén en los meses de marzo a abril y correspondía con el tiempo en que los árboles de higo comenzaban a echar sus hojas. Algunos de estos árboles producían unas brevas verdes que eran muy codiciables antes de forrarse de hojas. El fruto o cosecha se recogía generalmente a mediados de mayo o principios de junio. Sin embargo, el árbol al que Jesús se acercó ya estaba lleno de hojas, por lo que se esperaba que tuviera algún fruto, pero Jesús no halló ninguno en él.

El Antiguo Testamento contiene las referencias necesarias para interpretar correctamente el significado de la higuera con relación al pueblo de Israel, así como el propósito por el cual fue maldita.

Los cortaré del todo, dice Jehová. No quedarán uvas en la vid, ni higos en la higuera, y se caerá la hoja; y lo que les he dado pasará de ellos.  (Jeremías 8:13)

1 Después de haber transportado Nabucodonosor rey de Babilonia a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, a los príncipes de Judá y los artesanos y herreros de Jerusalén, y haberlos llevado a Babilonia, me mostró Jehová dos cestas de higos puestas delante del templo de Jehová. 2 Una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que de malos no se podían comer. 3 Y me dijo Jehová: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Higos; higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de malos no se pueden comer. 4 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 5 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien. 6 Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra, y los edificaré, y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré. 7 Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón. 8 Y como los higos malos, que de malos no se pueden comer, así ha dicho Jehová, pondré a Sedequías rey de Judá, a sus príncipes y al resto de Jerusalén que quedó en esta tierra, y a los que moran en la tierra de Egipto. 9 Y los daré por escarnio y por mal a todos los reinos de la tierra; por infamia, por ejemplo, por refrán y por maldición a todos los lugares adonde yo los arroje. 10 Y enviaré sobre ellos espada, hambre y pestilencia, hasta que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y a sus padres. (Jeremías 24:1-10)

 

Como uvas en el desierto hallé a Israel; como la fruta temprana de la higuera en su principio vi a vuestros padres. Ellos acudieron a Baal-peor, se apartaron para vergüenza, y se hicieron abominables como aquello que amaron. (Oseas 9:10)

 

16 Efraín fue herido, su raíz está seca, no dará más fruto; aunque engendren, yo mataré lo deseable de su vientre. 17 Mi Dios los desechará, porque ellos no le oyeron; y andarán errantes entre las naciones. (Oseas 9:16-17)

 

1 Ay de mí! porque estoy como cuando han recogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, y no queda racimo para comer; mi alma deseó los primeros frutos. 2 Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres; todos acechan por sangre; cada cual arma red a su hermano. 3 Para completar la maldad con sus manos, el príncipe demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman. 4 El mejor de ellos es como el espino; el más recto, como zarzal; el día de tu castigo viene, el que anunciaron tus atalayas; ahora será su confusión. 5 No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no abras tu boca. 6 Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa. 7 Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá. (Miqueas 7:1-7)

Se desprende de las referencias antiguo testamentarias que la higuera hace una clara referencia al pueblo del antiguo pacto y que su maldición es el producto de su falta de arrepentimiento, por tanto, de la violación del pacto. Esto es confirmado en el Nuevo Testamento en la parábola de la higuera estéril en el evangelio de Lucas.

6 Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. 7 Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? 8 Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. 9 Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después. (Lucas 13:6-9)

Jesús ya había profetizado la destrucción de la ciudad de Jerusalén en su entrada triunfal.

41 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, 42 diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. 43 Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, 44 y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. (Lucas 19:41-44)

Posteriormente en Mateo 21, Jesús presenta la parábola de los labradores malvados. En ella enseña que Dios condenaría al liderato del pueblo judío y al pueblo en general, por su falta de fruto y por haber condenado a muerte al hijo del dueño de la viña. 

33 Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. 35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. 39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40 Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? 41 Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. 42 Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? 43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. (Mateo 21:33-43)

El comentarista William MacDonald hace el siguiente comentario sobre la maldición de la higuera:

Incluso aquellos que critican a nuestro Señor por maldecir la higuera admiten que fue una acción simbólica. Este incidente es la interpretación del Salvador de la tumultuosa bienvenida que acababa de recibir en Jerusalén. Como la vid y el olivo, la higuera representa a la nación de Israel. Cuando Jesús vino a la nación había hojas, que hablan de profesión, pero ningún fruto para Dios. Jesús tenía hambre de frutos de la nación. Como no había frutos tempranos, sabía que no habría frutos posteriores de ese pueblo incrédulo, y por eso maldijo la higuera. Esto preparó el juicio que caería sobre la nación en el año 70 d. C.[1]

La primera mención en la Biblia del árbol de higuera se halla en Génesis 3.

6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. 7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. (Génesis 3:6-7)

De la misma manera en la que el follaje de hojas de higuera no pudo cubrir el pecado de nuestros primeros padres en Génesis 3, así tampoco el follaje religioso de la gran ciudad de Jerusalén podía cubrir su pecado y su falta de arrepentimiento ante Jesús, el Mesías, por lo cual, sería juzgada severamente.

Mateo 21:20 Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?

Los sucesos narrados en Mateo 21:20-22 ocurren al siguiente día de la maldición de la higuera, no obstante, Marcos recoge que la misma comenzó a secarse el mismo día en que Jesús la maldijo por su falta de fruto o arrepentimiento (Marcos 11:20).

Mateo 21:21-22 Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.

¿A qué monte se refería Jesús? Estamos de acuerdo con el comentario de William Hendriksen cuando afirma lo que sigue:

Esta montaña” es el Monte de los Olivos; “el mar” es el Mar Muerto. Tomado literalmente, el echar esta montaña en el mar significaría una zambullida de unos 1.200 m. en total.[2]

Sin embargo, consideramos incorrecta la interpretación de William Hendriksen sobre el propósito o aplicación de la misma.

Ahora bien, no tendría sentido tratar, por concentración de la fe, de echar el Monte de los Olivos en el mar. Esta dramática figura, a la luz del contexto, que habla de fe y oración, debe significar por lo tanto, que ninguna tarea que esté en armonía con la voluntad de Dios es imposible de realizar por parte de aquellos que no dudan.[3]

Mateo 21:21-22 ha sido muy mal interpretado, pues la mayoría de los comentaristas entienden que se trata de una enseñanza sobre el poder de la fe en la oración. Esto significaría que la razón por la que Jesús maldijo la higuera fue para darles una lección a sus discípulos sobre la oración. Jesús no maldijo la higuera para proveerles un ejemplo vivo a los discípulos del poder de la fe en la oración, sino que la maldijo para mostrarles cómo la ciudad de Jerusalén se iría secando hasta ser destruida (Lucas 19:41-44).

El pasaje profético necesario para poder interpretar correctamente lo sucedido con la maldición de la higuera es Zacarías 14.

1 He aquí, el día de Jehová viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. 2 Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad. 3 Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. 4 Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. (Zacarías 14:1-4)

Los discípulos entenderían posteriormente la relación del monte con la destrucción de la ciudad de Jerusalén y llegado el momento orarían para que Dios juzgara a la ciudad rebelde por perseguir y matar a los cristianos. Esto se halla en la oración y petición que hacen las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y su testimonio cuando es abierto el quinto sello en Apocalipsis 6.

9 Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. 10 Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? 11 Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos. (Apocalipsis 6:9-11) 


Conclusión


La narración de la maldición de la higuera hace referencia al juicio que vendría sobre la gran ciudad de Jerusalén por su falta de arrepentimiento y por haber rechazado al Mesías. Esto puede ser aplicado a lo que también le espera a todo aquel que no se arrepienta y venga a la fe en Jesucristo. El follaje de hojas de moralidad o de cristiandad no librará a ninguno del juicio de Dios, como no libró al liderato religioso ni a muchos religiosos del pueblo en su tiempo ni tampoco librará a aquellos hipócritas religiosos en nuestros días que pretenden aparentar algo que no son.  

La salvación que realiza Dios en el corazón produce frutos. De modo que donde no hay evidencia de frutos dignos de arrepentimiento, no ha habido salvación. No existen los llamados “cristianos carnales”, es decir, que no es posible hablar de cristianos salvos que no muestran ningún cambio. Es necesario que cada uno se examine a sí mismo a la luz de Aquel que dijo:

1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. (Juan 15:1-2)

Todo creyente verdadero puede descansar en que la obra que Jesús comenzó la perfeccionará (Filipenses 1:6). Si alguno no ha sido salvo, entonces debe correr en este mismo momento a la cruz de Cristo y clamar por misericordia, por cuanto está perdido y lo que le espera es una horrenda expectación de juicio.

 
Referencias


[1] Thomas Nelson. Believer's Bible Commentary (Posición en Kindle38017-38022). Thomas Nelson. Edición de Kindle.

[2] William Hendriksen. El Evangelio Según San Mateo (Posición en Kindle18117-18118). Libros Desafío. Edición de Kindle.

[3] Ibid.

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