martes, 7 de febrero de 2017

¿Eran dispensacionalistas pretribulacionistas los primeros cristianos?



¿Eran dispensacionalistas pretribulacionistas los primeros cristianos?


En la actualidad, algunos enseñan que antes de la posición escatológica amilenialista de San Agustín, los cristianos en los primeros siglos eran dispensacionalistas pretribulacionistas. Pero, ¿tiene fundamento histórico esta afirmación?

Existen varias maneras de lograr una corroboración histórica. Primero, es necesario buscar y examinar las obras de los padres de la iglesia o lo que se denomina la patrística, lo que toma mucho tiempo y tiene algún grado de dificultad para conseguir. Segundo, es importante examinar el material histórico de autores que cubrieron la historia del primer siglo y de los primeros siglos, como las obras de Flavio Josefo y del historiador temprano de la iglesia, Eusebio de Cesarea.

En este corto análisis, examinaremos las declaraciones de Eusebio de Cesarea en su obra Historia Eclesiástica, en la cual, hace uso de los escritos de Flavio Josefo, historiador del primer siglo. Para validar o desmentir la pregunta de estudio, debemos hacer notar que Eusebio de Cesarea vivió del año 263 al 339 después de Cristo, lo que lo coloca en una fecha anterior al amilenialismo de San Agustín, quien vivió del año 354 al 430 después de Cristo. También consideraremos la profecía de las 70 semanas y la abominación desoladora de Daniel. Los dispensacionalistas pretribulacionistas alegan que queda una semana de las setenta por cumplirse, la que llaman la semana de la gran tribulación y que ubican antes de la segunda venida.

 Veamos lo que nos dice Eusebio de Cesarea el historiador temprano de la iglesia en su libro, Historia Eclesiástica, libro uno, capítulo 2 y párrafos 24 al 27:

“El profeta Daniel, comprendiendo por el Espíritu divino el reinado final del Verbo, inspirado, describe la visión divina con términos humanos, diciendo: «Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.»

Y sigue: Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran: su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.»]

Todas estas cosas se refieren claramente a nuestro Salvador, el Verbo divino que desde el principio estaba con Dios, al cual llama Hijo del Hombre por su encarnación.

Puesto que ya reuní todas las profecías concernientes a nuestro Salvador Jesucristo en otros comentarios, y habiendo demostrado con mayor exactitud lo que hemos mencionado acerca de Él, nos contentaremos con lo dicho en la presente obra”.

A continuación, la próxima afirmación en su libro, Historia Eclesiástica, libro uno, capítulo 6 y párrafo 11:

“Todo esto es útil para confirmar otra profecía acerca de la manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. [En el libro de Daniel la palabra especifica el número de ciertas semanas hasta el Cristo-príncipe (sobre esto traté en otro lugar), y profetiza que la unción entre los judíos sería aniquilada una vez concluidas estas semanas. Todo esto se cumplió evidentemente con el nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo]. Estos detalles son suficientes como preámbulo para establecer la exactitud de las fechas”.

Eusebio asevera en el libro 3, capítulo 5 y párrafos 2 al 7 lo que sigue:

“Ahora bien, los judíos, después de la ascensión de nuestro Salvador, culminaron su crimen contra él con la concepción de innumerables maquinaciones contra sus apóstoles. El primero fue Esteban, al cual aniquilaron con piedras; luego Jacobo, hijo de Zebedeo y hermano de Juan, que fue decapitado; y finalmente Jacobo, el que fue escogido en primer lugar para el trono episcopal de Jerusalén, después de la Ascensión de nuestro Salvador, y que murió del modo mencionado. Todos los demás apóstoles fueron amenazados de muerte con innumerables maquinaciones, y fueron expulsados de Judea y [se dirigieron a todas las naciones para la enseñanza del mensaje con el poder de Cristo, que les había dicho: «Id, y haced discípulos a todas las naciones].

Además de éstos, también [el pueblo de la iglesia de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llaman Pella)], por un oráculo transmitido por revelación a los notables de aquel lugar. Así pues, habiendo emigrado a ella desde Jerusalén los que creían en Cristo, como si los hombres santos hubiesen dejado enteramente la metrópoli real de los judíos y toda Judea, [la justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles, e hizo desaparecer totalmente de entre los hombres aquella generación impía].

En los relatos que escribió Josefo se describen con toda exactitud los males que en ese momento sobrevinieron a todo el pueblo judío en todo lugar; cómo principalmente los habitantes de Judea fueron agobiados hasta el extremo de las desgracias; cuántos miles de jóvenes y de mujeres, juntamente con sus niños, cayeron a espada, por hambre y por muchos otros tipos de muerte; cuántos y cuáles ciudades de Judea fueron sitiadas; cuán grandes desgracias, y más que desgracias, presenciaron los que fueron en su huida a Jerusalén, ya que era la metrópoli más fuerte; el desarrollo de la guerra y lo que tuvo lugar en ella en cada momento; y, [finalmente, cómo la abominación desoladora que proclamaron los profetas se asentó en el mismo templo de Dios, en gran manera notable antiguamente; y entonces sufrió todo tipo de destrucción hasta su desaparición final por el fuego].

Merece la pena señalar que el mismo autor afirma que los que, procedentes de toda Judea, se apiñaron en los días de la fiesta de la Pascua, en Jerusalén, como en una prisión, usando sus propias palabras, fueron alrededor de tres millones.

Era preciso, pues, en los mismos días en los que habían llevados cabo la Pasión del Cristo de Dios, bienhechor y Salvador de todos, que, como encerrados en una prisión, recibieran el azote que les daba alcance viniendo de la justicia Divina.

Así pues, dejando aparte los acontecimientos que les sobrevinieron y cuántas veces fueron entregados a espada o de diversos modos, sólo me ha parecido oportuno mostrar las desgracias originadas por el hombre, a fin de que los que obtengan este escrito vean, parcialmente, [cómo les daba alcance al poco tiempo el castigo procedente de Dios por causa de su crimen cometido en contra del Cristo de Dios].


Resumamos algunos datos importantes acerca de lo que CREÍAN los cristianos con RELACIÓN a las 70 semanas de la profecía de Daniel y al cumplimiento de la ABOMINACIÓN desoladora, según el libro Historia ECLESIÁSTICA de Eusebio de cesarea:

1-      Creían que la profecía referente a las setenta semanas de Daniel tuvo un cumplimiento fiel y total.

2-      Creían que la profecía referente a las 70 semanas de Daniel constituía una de los mejores defensas en la validación y la confirmación de Jesús como el Mesías.

3-      Creían que los discípulos se habían dirigido a todas las naciones para cumplir la tarea de la gran comisión, antes del juicio venidero.

4-      Creían que el reino comenzó con la ascensión de Jesús, según la profecía de Daniel 7:13-14.

5-      Creían que en el año 70 de la era cristiana se cumplió la abominación desoladora sobre la santa ciudad (Jerusalén) y el templo judío.  

6-      Creían que Dios guardó a muchos cristianos judíos de la hora de la prueba, quienes escaparon de Jerusalén a una ciudad de Perea llamada Pella.

7-      Creían que el juicio contra los judíos se cumplió debido al rechazo y a la condena a muerte de Jesús el Mesías, la persecución y las calamidades contra los apóstoles y la iglesia.

Conclusión:

Concluimos que no es correcto que los primeros cristianos aguardaban el cumplimiento de la última semana de la profecía de las 70 semanas de Daniel, como los dispensacionalistas pretribulacionistas quieren hacer creer. Tampoco creían en un reino venidero, por cuanto creían que Jesús había recibido el reino en su ascensión.


Por: Pastor Gilberto Miguel Rufat

Bibliografía:

De Cesarea, Eusebio. Historia Eclesiástica: Tomo completo de la Historia Eclesiástica (Edición en español) (Posición en Kindle591-592). Desconocido. Edición de Kindle.

lunes, 12 de diciembre de 2016

¿Existe evidencia histórica de que Los Judíos cristianos huyeron de Jerusalén antes de la destrucción del templo?




¿Existe evidencia HISTÓRICA de que Los Judíos cristianos huyeron de JERUSALÉN antes de la destrucción del templo?

 
“Pero más terrible aún que esto fue lo siguiente: un tal Jesús, hijo de Ananías, un campesino de clase humilde, cuatro años antes de la guerra, cuando la ciudad se hallaba en una paz y prosperidad importante, vino a la fiesta, en la que todos acostumbran a levantar tiendas en honor de Dios, y de pronto se puso a gritar en el Templo: «Voz de Oriente, voz de Occidente, voz de los cuatro vientos, voz que va contra Jerusalén y contra el Templo, voz contra los recién casados y contra las recién casadas, voz contra todo el pueblo». Iba por todas las calles vociferando estas palabras de día y de noche. Algunos ciudadanos notables se irritaron ante estos malos augurios, apresaron a Jesús y le dieron en castigo muchos golpes. Pero él, sin decir nada en su propio favor y sin hacer ninguna petición en privado a los que le atormentaban, seguía dando los mismos gritos que antes. Las autoridades judías, al pensar que la actuación de este hombre tenía un origen sobrenatural, lo que realmente así era, lo condujeron ante el gobernador romano. Allí, despellejado a latigazos hasta los huesos, no hizo ninguna súplica ni lloró, sino que a cada golpe respondía con la voz más luctuosa que podía: «¡ Ay de ti Jerusalén!». Cuando Albino, que era el gobernador, le preguntó quién era, de dónde venía y por qué gritaba aquellas palabras, el individuo no dio ningún tipo de respuesta, sino que no dejó de emitir su lamento sobre la ciudad, hasta que Albino juzgó que estaba loco y lo dejó libre. Antes de llegar el momento de la guerra Jesús no se acercó a ninguno de los ciudadanos ni se le vio hablar con nadie, sino que cada día, como si practicara una oración, emitía su queja: «¡ Ay de ti Jerusalén!». No maldecía a los que le golpeaban diariamente ni bendecía a los que le daban de comer: a todos les daba en respuesta el funesto presagio. Gritaba en especial durante las fiestas. Después de repetir esto durante siete años y cinco meses, no perdió su voz ni se cansó. Finalmente, cuando la ciudad fue sitiada, vio el cumplimiento de su augurio y cesó en sus lamentos. Pues, cuando se hallaba haciendo un recorrido por la muralla, gritó con una voz penetrante: «¡ Ay de ti, de nuevo, ciudad, pueblo y Templo!». Y para acabar añadió: «¡ Ay también de mí!», en el momento en que una piedra, lanzada por una balista, le golpeó y al punto lo mató. Así entregó su alma, mientras aún emitía aquellos presagios.”[1]
 
Los creyentes judíos huyen a Pella

Ahora bien, los judíos, después de la ascensión de nuestro Salvador, culminaron su crimen contra él con la concepción de innumerables maquinaciones contra sus apóstoles. El primero fue Esteban, al cual aniquilaron con piedras; luego Jacobo, hijo de Zebedeo y hermano de Juan, que fue decapitado; y finalmente Jacobo, el que fue escogido en primer lugar para el trono episcopal de Jerusalén, después de la Ascensión de nuestro Salvador, y que murió del modo mencionado. Todos los demás apóstoles fueron amenazados de muerte con innumerables maquinaciones, y fueron expulsados de Judea y se dirigieron a todas las naciones para la enseñanza del mensaje con el poder de Cristo, que les había dicho: «Id, y haced discípulos a todas las naciones».

Además de éstos, también el pueblo de la iglesia de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llaman Pella), por un oráculo transmitido por revelación a los notables de aquel lugar. Así pues, habiendo emigrado a ella desde Jerusalén los que creían en Cristo, como si los hombres santos hubiesen dejado enteramente la metrópoli real de los judíos y toda Judea, la justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles, e hizo desaparecer totalmente de entre los hombres aquella generación impía.

En los relatos que escribió Josefo se describen con toda exactitud los males que en ese momento sobrevinieron a todo el pueblo judío en todo lugar; cómo principalmente los habitantes de Judea fueron agobiados hasta el extremo de las desgracias; cuántos miles de jóvenes y de mujeres, juntamente con sus niños, cayeron a espada, por hambre y por muchos otros tipos de muerte; cuántos y cuáles ciudades de Judea fueron sitiadas; cuán grandes desgracias, y más que desgracias, presenciaron los que fueron en su huida a Jerusalén, ya que era la metrópoli más fuerte; el desarrollo de la guerra y lo que tuvo lugar en ella en cada momento; y, finalmente, cómo la abominación desoladora que proclamaron los profetas se asentó en el mismo templo de Dios, en gran manera notable antiguamente; y entonces sufrió todo tipo de destrucción hasta su desaparición final por el fuego.

Merece la pena señalar que el mismo autor estima que los procedentes de toda Judea, se apiñaron en los días de la fiesta de la Pascua, en Jerusalén, como en una prisión, usando sus propias palabras, fueron alrededor de tres millones.

Era preciso, pues, en los mismos días en los que habían llevados cabo la Pasión del Cristo de Dios, bienhechor y Salvador de todos, que, como encerrados en una prisión, recibieran el azote que les daba alcance viniendo de la justicia Divina.

Así pues, dejando aparte los acontecimientos que les sobrevinieron y cuántas veces fueron entregados a espada o de diversos modos, sólo me ha parecido oportuno mostrar las desgracias originadas por el hombre, a fin de que los que obtengan este escrito vean, parcialmente, cómo les daba alcance al poco tiempo el castigo procedente de Dios por causa de su crimen cometido en contra del Cristo de Dios.[2]


Pastor Gilberto Miguel Rufat


[1] Josefo, Flavio. La guerra de los judíos. Libros IV-VII (Biblioteca Clásica Gredos) (Spanish Edition) (Kindle Locations 5233-5234). Gredos. Kindle Edition.

[2] De Cesarea, Eusebio. Historia Eclesiástica: Tomo completo de la Historia Eclesiástica (Spanish Edition) (Kindle Location 2014). Unknown. Kindle Edition.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

20 Objeciones al Milenialismo Dispensacionalista Pretribulacionista

20 objeciones al milenialismo dispensacionalista Pretribulacionista



 
Por: Pastor Gilberto Miguel Rufat


El Milenio, una vez concluida la segunda venida de Jesucristo, según la posición de estudio presenta diferentes problemas teológicos y contradicciones de las cuales las siguientes son las más serias:

1) El Milenio, una vez concluida la segunda venida de Jesucristo, según la posición de estudio presenta un problema teológico, ya que termina con un Rey sin reino. En otras palabras, uno que debe esperar hasta el periodo milenial para reinar.

El problema con este punto es que el libro de Daniel expone que con la llegada del Mesías y su muerte (Dn. 9:26), se daría inicio al reino de los santos el cual nunca acabaría (Dn. 2:44; 7:19-27). El Mesías es la piedra que derribaría la imagen de los reinos de Daniel 2:35. En Daniel, el reino es recibido por Jesucristo, el Mesías, en su ascensión al cielo luego de su obra mesiánica (Dn. 7:13-14).

2) El Milenio, una vez concluida la segunda venida de Jesucristo, según la posición de estudio representa una clara contradicción al mensaje de Juan el Bautista (Mt. 3:1) y a las propias palabras de Jesús (Mr. 1:14-15; Mt. 4:17).

¿PUEDE UN CREYENTE PERDER SU SALVACIÓN, SEGÚN HEBREOS 6:4 AL 6?

  ¿PUEDE UN CREYENTE PERDER SU SALVACIÓN, SEGÚN HEBREOS 6:4 AL 6?    Base bíblica: Hebreos 6:4-6   “Porque es imposible que los que un...