viernes, 27 de noviembre de 2015

La inexcusabilidad de los hombres - Romanos 2:1




Breve REFLEXIÓN

La inexcusabilidad de los hombres

“Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.” (Romanos 2:1)

Sin duda alguna, aun los ateos que emiten juicio como los demás, deben preguntarse, sobre qué base moral emiten sus juicios. ¿De dónde surge la moral? ¿Es la moral un valor adquirido y condicionado a nuestro estado o al tiempo en que vivimos? ¿Es la moral algo relativo o absoluto? ¿Pudo la ley moral proceder de la naturaleza de los hombres o tiene un dador externo a ellos?

Independientemente cuál sea en este momento nuestra posición, la realidad es que todos juzgamos. El capítulo dos de Romanos comienza estableciendo que el ser humano, no obstante, a su estado caído, muestra en sí mismo que ha sido objeto de la creación de Dios al juzgar a otros sobre una base moral la que él mismo viola.

La pregunta a hacernos entonces es ¿cómo puede el hombre ser el autor de algo que él mismo viola, circunstancialmente rechaza, pero que a la vez utiliza cuando le conviene?

El hecho de que los seres humanos emitamos juicios implica una base moral, esto es, una valoración, un estándar, un punto de referencia sobre lo bueno y lo malo. Toda base moral tiene un autor o un dador. ¿Podría ser el propio hombre el autor de una ley que no puede cumplir por su incapacidad pecaminosa y la cual a su vez, le condena? Es obvio que no, ya que el deseo del hombre en su estado caído es vivir sin ley.

Resulta irónico y contradictorio que juzguemos a otros con la misma base moral con la que nos rebelamos contra Dios, siendo éste el autor de la ley, la cual emana de su propia naturaleza.

Es importante señalar, que al emitir juicio no solamente hacemos uso de una base moral, sino que evidenciamos conocimiento sobre lo que está mal, lo que nos hace claramente culpables ante Dios. Por cuanto demostramos que no somos ignorantes de la realidad del mal al ver el pecado en otros.

La Biblia enseña que por causa de nuestra naturaleza caída, suprimimos la verdad, así como no nos importa nuestra pecaminosidad, estando habituados al mal (Ro. 1:18-32).

Sin embargo, de acuerdo con la misma base moral con la que juzgamos, seremos juzgados. Por consiguiente, no tenemos excusa, pues Dios nos creó con conciencia moral y nos dio una mente para juzgar con dicha base moral, para que no fueran las emociones, el instinto, ni las pasiones las que nos condujeran, sino su eterna e inmutable sabiduría.

Pastor Gilberto Rufat

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